[Cine - Historia] Patton
- ¡A Berlín! ¡Voy a fusilar a ese maldito empapelador hijo de perra!
El general George Smith Patton es una de las figuras más controvertidas de la historia militar estadounidense. Nacido en una familia de arraigada tradición castrense, fue educado para la guerra prácticamente desde la cuna, culminando su carrera con varias hazañas bélicas en la Segunda Guerra Mundial. Incapaz de morderse la lengua, la polémica lo persiguió durante toda su vida, animada por sus continuas excentricidades: creía firmemente en la reencarnación, estaba convencido de haber combatido en varias guerras durante sus “vidas pasadas”, y le gustaba diseñar sus propios uniformes. Todo esto contribuyó a forjar su leyenda.En 1970, la Twentieth Century Fox producía una película ambientada en los últimos años de vida de Patton, desde que toma el mando del II Ejército aliado en el norte de Túnez hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Basada en los libros “Patton: Ordeal and Triumph”, de Ladislas Farago, y “A Soldier’s Story”, del general Omar N. Bradley, amigo y compañero del protagonista, y asesor del equipo de producción durante el rodaje, “Patton” comienza con la bandera americana de fondo y un impactante discurso, compuesto a partir de fragmentos de varias arengas reales del famoso general:
Sentaos.
Quiero que recordéis que ningún bastardo ganó jamás una guerra muriendo por su patria. La ganó haciendo que otros pobres estúpidos bastardos murieran por ella.
Muchachos, todas esas historias de que América no quiere luchar, que pretende estar al margen de la guerra, son un montón de estiércol. A los americanos por tradición les entusiasma luchar. Todo verdadero americano ama el acicate de la pelea. Cuando erais niños, todos admirabais a los campeones: al corredor más veloz, a los ases del fútbol, a los boxeadores más duros... Los americanos aman al ganador y no pueden soportar al que pierde. Todo americano juega siempre para ganar. Yo no apostaría el pellejo por un hombre que estando perdiendo se riera. Por eso los americanos nunca hemos perdido ni perderemos una guerra. Porque la sola idea de perder nos resulta odiosa.
Ahora nuestro ejército es un equipo: vive, come, duerme y lucha como un equipo. Todo eso de la individualidad es sólo basura. Los que escribieron esa majadería sobre el individualismo para el Saturday Evening Post no conocen de una verdadera batalla más de lo que saben de fornicación. Ahora tenemos la mejor comida y equipo, el mejor espíritu y los mejores hombres del mundo.
Todos sabéis, y es la verdad, que compadezco a esos pobres contra los que vamos a luchar. Por Dios que así es, ya que no sólo vamos a disparar contra ellos. ¡Nuestra intención es arrancarles las entrañas y usarlas después para engrasar las ruedas de nuestros tanques! ¡Vamos a matar a esos miserables teutones por millares!
Bien. Algunos de vosotros estáis dudando de si tendréis miedo bajo el fuego. Eso no debe preocuparos. Estoy convencido de que todos cumpliréis con vuestro deber. ¡Los nazis son el enemigo! ¡Cargad contra ellos! ¡Derramad su sangre! ¡Disparadles en el vientre! Cuando pongáis vuestra mano sobre una masa informe que momentos antes era el rostro de vuestro mejor amigo… ya no dudaréis.
Deseo recordaros otra cosa. No quiero recibir ningún mensaje que diga: “Estamos aguantando nuestra posición”. ¡No aguantamos nada! ¡Que aguante el enemigo! Nosotros avanzamos constantemente y no tenemos ningún interés en aguantar nada excepto al enemigo. Vamos a agarrarle por la nariz y a darle un puntapié en el trasero. ¡A patadas enviaremos a esos teutones al infierno acabando así con ellos en un santiamén!
Bueno, sin duda habrá algo que podréis contar cuando volváis a vuestras casas, y dar gracias a Dios por ello. Y si dentro de treinta años sentados junto al hogar, y con vuestro nieto sobre las rodillas, él os pregunta qué es lo que hicisteis en la Segunda Guerra Mundial, no tendréis que contestarle: “Pues... acarreé estiércol en Louisiana”.
Bien. Ahora, hijos de perra, ya sabéis cómo pienso. Eh... estaré muy orgulloso de dirigiros en esta lucha, muchachos, siempre y en todo lugar.
Esto es todo.
Todo un carácter, sí, señor. En su día, el hecho de que la película comenzase directamente con este discurso, sin el clásico logo y fanfarria de la Fox, hizo que varios soldados presentes en las salas de proyección se levantasen en posición de firmes, al creer que la llamada de atención era una orden real. Se ve que a Patton le pasaba un poco como al Cid, sus órdenes se obedecían incluso después de muerto. No es de extrañar que, tras la derrota de las tropas estadounidenses en el Norte de África, el Alto Mando aliado pensara en él para invertir el curso de la guerra en este frente:
- Necesitamos contra Rommel a nuestro mejor experto en tanques. Alguien que meta en cintura a esta cuadrilla.
- ¿Patton?
- Posiblemente.
- Que Dios nos ayude.

El retrato que se hace de Patton a partir de entonces es el de un oficial duro pero justo, que consigue que los soldados recuperen su disciplina y su orgullo, llevándolos a la victoria contra el Afrika Korps de Rommel. Posteriormente, participa en la invasión de Italia a través de Sicilia, donde se embarca en una competición con el Mariscal Montgomery por ver cuál de los dos llega antes a Messina. Su enfrentamiento continúa en el continente europeo, en una nueva carrera hacia Berlín:
- Bien, creo que puedo hablar por el Mariscal Montgomery. Él diría que estás pidiendo imposibles a tus hombres.
- Seguro que lo diría. Porque ignora que es para eso para lo que estamos aquí.
En un plano más personal, descubrimos en Patton a un apasionado estudioso de la historia militar, desde la Edad Antigua hasta nuestros días, que acude frecuentemente a las crónicas de guerras anteriores cuando está preparando una batalla. Como podemos ver en pantalla, lo mismo lee el libro de Rommel antes de entrar en combate contra él que consulta la historia de la conquista normanda mientras se planea el desembarco. Su pasión se hace más patente en la escena donde visita unas ruinas africanas, recordando las Guerras Púnicas y admirando la valentía del pueblo cartaginés.
También conocemos su punto débil, esa constante necesidad de decir lo que piensa, en lugar de guardarse sus opiniones para sí mismo. Esta boca tan grande, unida a una notoria irritabilidad, le mete en más de un jaleo, como en la escena en la que abronca y abofetea a un soldado en la enfermería, tachándolo de cobarde. Esta escena está basada en un hecho real, aunque en defensa de Patton hay que decir que en ese momento llevaba 48 horas sin dormir, y poco después del incidente pidió disculpas al soldado.
En la película, este y otros sucesos trascienden y la opinión pública no tarda en exigir el cese de Patton. Eisenhower aprovecha el retiro forzoso del general para ponerlo al frente de una división ficticia destacada en el sur de Inglaterra, como parte de la operación de contraespionaje para hacer creer a los nazis que el desembarco aliado tendrá lugar en Calais y no en Normandía. Durante su estancia en Inglaterra podemos ver una de las escenas más graciosas, con un discurso ante varias señoras británicas, haciendo gala de su anticomunismo y su falta de diplomacia:
- Creo que una reunión como esta es el ideal para fomentar el mutuo entendimiento, porque cuanto antes conozcan y traten nuestros soldados a las damas inglesas y escriban a casa contando a sus mujeres lo adorables que son ustedes, tanto o más pronto se pondrán celosas las damas americanas, y harán que esta guerra tenga un rápido final. Así tendremos la ocasión de ir al Pacífico y matar japoneses.
Pero también hay escenas que retratan el lado más humano de Patton, como su visita a un soldado que ha quedado ciego por la metralla, al que condecora en la misma enfermería y susurra unas palabras que no llegamos a oír, para después arrodillarse y rezar ante su cama. O su emoción al llegar al campo de batalla y hablar con el capitán aliado, uno de los pocos supervivientes del ataque, al que besa en la frente.

Este es el retrato cinematográfico de un personaje tan complejo como el general George S. Patton, al que se presenta como un guerrero nato, que peleó contra el enemigo y contra sus propios aliados, causando más de un problema a su amigo Eisenhower, que tuvo que hacer verdaderos malabarismos para mantener la calma entre estadounidenses y británicos, en pos del bien común. No en vano, Patton fue el general más temido por los alemanes, aunque también por sus propias tropas:
- Dentro de quince minutos vamos a empezar a convertirlos en fanáticos luchadores. Perderán el miedo a los alemanes… y Dios quiera que nunca me lo pierdan a mí.
Patton se revela así como un hombre nacido para la lucha, querido y odiado a partes iguales, exigente con sus tropas pero también cercano a ellas. Baste de muestra la escena en la que se dedica a despejar un atasco de vehículos militares, como si de un guardia de tráfico de tratara. Todo esto hace de Patton un recurso valiosísimo en caso de guerra, pero también tiene sus inconvenientes. El general es un guerrero a la antigua usanza, adicto a la emoción del combate, y su visión de la contienda es mucho más simple que la del Estado Mayor. Patton no consigue entender por qué se le niega el combustible necesario para avanzar a través de Europa y llegar con sus tanques hasta Berlín. Por muchos bombardeos que esté sufriendo Londres, él tiene claro que el objetivo no deben ser las bases de lanzamiento de los cohetes V-2, sino el corazón del Reich, de forma que la guerra termine con un solo golpe. Paradójicamente, este final de la contienda que tanto persigue se convertirá también en el fin de la vida de Patton, una vez desaparecida su razón para existir:
- Comparados con la guerra, los demás aspectos de la conducta humana son triviales.
La interpretación de George C. Scott está considerada como una de las mejores de la historia del cine, llegando al punto de imitar perfectamente la voz del verdadero Patton, según atestiguaron varios de los soldados que sirvieron a sus órdenes. Sin embargo, Scott consideraba que no había sido capaz de plasmar en la pantalla todos los matices del personaje, y se disculpó personalmente ante el director, Franklin J. Schaffner. Vivir para ver…
Curiosamente, Schaffner había engañado previamente a Scott, quien se había manifestado en contra de incluir el discurso inicial, temeroso de que el resto de su interpretación no estuviera a la altura de tan enérgico principio. Para convencerlo, el director le mintió, asegurándole que el discurso se montaría al final de la película. La experiencia ha demostrado que los temores de Scott eran infundados, y tanto crítica como público le profesaron unas alabanzas de las que, como hemos podido observar, su autoexigencia le hizo considerarse indigno.
Aunque Patton es la estrella total y absoluta de la película, todavía queda algo de sitio para el general Bradley, interpretado por un sobrio Karl Malden, que refleja perfectamente la amistad existente entre ambos oficiales, no exenta de algunos momentos de tensión:- Hay una gran diferencia entre nosotros, George. Yo hago este trabajo porque me han entrenado para hacerlo. Tú, en cambio, lo haces porque te gusta.
Por lo menos con él no tenía ningún problema en tomarse un par de copas. Con “Monty” ya es harina de otro costal:
- Lo siento, Del, pero este territorio ha sido reservado para el general Sir Bernard Law Montgomery. Debemos dejarle ganar sin importarnos lo que tarde en conseguirlo.
- Tienen derecho a tener su héroe. Después de todo, Montgomery expulsó a Rommel del Norte de África.
- ¿Y qué pasa con los americanos? ¿No necesitan un héroe?
- ¿Estás pensando en alguien, George?
Precisamente uno de los momentos más graciosos es la idéntica reacción de Jodl y “Monty” cuando reciben la noticia de que Patton ha tomado Palermo. Otro punto fuerte de la película es la recreación de los diferentes escenarios bélicos, desde África hasta el centro de Europa, pasando por Italia y Normandía. La mayor parte de la historia se rodó en España, y aproximadamente la mitad del presupuesto se invirtió en contratar los servicios del ejército español, tanto soldados como equipamiento.
El resultado de todo este trabajo fue premiado con siete Oscar: película, dirección, actor, guión, montaje, dirección artística y sonido. George C. Scott rechazó su premio (en realidad había rechazado incluso la nominación, hecha pública semanas antes de la gala), por considerarlo una forma vulgar de competición entre actores, orientada a fines puramente comerciales. Vamos, lo que son los premios en realidad: el Oscar, el Goya, el Planeta, el Ondas y cualquiera que se nos ocurra. En esta web estamos de acuerdo con Scott, al menos hasta el día en que recibamos un premio. De momento nos conformamos con disfrutar de películas como “Patton”, una excelente combinación de cine biográfico y bélico.
© Zineman
Etiquetas: Cine



3 Comentarios:
- "Hubiera sido usted un magnífico mariscal del ejército de Napoleón"
- "Lo fui, lo fui."
Para mí la una de las frases más graciosas.
Hola Zine:
Había leido hace un par de meses la historia de este muchacho en este link http://senderosdelahistoria.wordpress.com/2007/10/05/george-patton-1885-1945/
. Creo que como complemento a la crítica que haces, está bien.
Un saludo,
Ril
Pongamos una frase más, ya que tanto éxito están teniendo:
- Señor, ¿dijo usted que si se encontrara nuestro ejército entre los alemanes y los rusos, lucharía en ambas direcciones?
- No, yo no dije eso. Nunca dije tal cosa. Pero me hubiera gustado.
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