Dentro de apenas dos meses voy a cumplir (si Dios me da la salud precisa para llegar) cuarenta y tres años.
No sé si será por ello o por otro extraño motivo, que me ha dado por hacer dieta (y he bajado 11 kilos – de 92 a 81 – y así he conseguido un índice de masa corporal de 21 por lo que puedo desfilar en Cibeles) y hago deporte siempre que puedo (remo con JeSúS, ando en bicicleta -me duele el culo más que si fuera un adicto a bares gays -, me machaco los abdominales como un poseso, algo de sexo, etc.).
Supongo que me estoy sintiendo ya mayor e inconscientemente he decidido empezar a cuidarme.
Recuerdo que me empecé a sentir mayor cuando un chaval se dirigió a mí en la calle diciéndome ¿OIGA, tiene hora? Que me trataran de Usted por primera vez me dolió mucho.
Han pasado muchos años desde aquella primera ocasión, tal vez más de veinte. Ahora sé que ser mayor es decirle a una chavala de 26 años que está muy guapa y que ella no piense ni remotamente que lo dices con alguna oscura intención. Y lo peor de todo, y eso también me hace sentirme de verdad mayor, es que no tengo, efectivamente, ninguna intención.
Eso también tiene sus ventajas, pues puedes jugar a que dices las cosas pero como ya eres mayor, no se te tomará en cuenta. Como siempre el problema puede estar en el límite. En ese sentido mi límite está claro, solo quiero a la madre de mis hijos (a quien quiero saludar pues estará en este instante leyendo esta líneas). Menos mal, pues sino me veo como tantos que llegado el momento de peinar canas deciden abandonar el nido habitual y realojarse al lado de otra hembra más joven (véase los Albertos, Donald Trump, Fernández Tapias, y un largísimo etc.). Aparte de ganas, hace falta además mucha pasta, o ser bastante gilipollas, a elegir.
Y también me hacen mayor mis hijos, que cada día están más grandes. Pero esto no sólo no me afecta, sino que me encanta. Cuanto más grandes se hagan, cuantos más años cumplan, menos me queda a mí para jubilarme y disfrutar, para mí sólo, de mi mujer.
Después de más de 4 años en la red y de la aportación de 11 colaboradores que, alternando rachas de máxima actividad con otras más "relajadas", han dado vida a 15 secciones y más de 600 posts, ha llegado el momento de que JeSúS Club cierre sus puertas.
Los objetivos con los que surgió este proyecto fueron permitir que un grupo de gente se mantuviera en contacto, algo que de otra manera habría sido más complicado o incluso imposible conseguir, y ofrecer un sitio desde el que los colaboradores pudiéramos compartir nuestras reflexiones sobre los temas que más nos gustan, intentando entretener con ellas a nuestros lectores.
El desgaste a lo largo de este tiempo ha sido importante para todos, y cuando algo con lo que deberías disfrutar se convierte en una rutina, en una obligación... acabas por perder la motivación.
Es probable que algún día JeSúS Club reabra sus puertas, no sé con qué forma, con qué fondo, ni cuándo, pero confío en que vuelva. Esto es tan sólo el fin de un ciclo...
En este "hasta luego" quiero dar las gracias a todos los colaboradores que han ido pasando por este Club, y que han aportado su esfuerzo y su ilusión a este proyecto, dando siempre lo mejor de ellos mismos. Quiero dar las gracias especialmente a quien me ha acompañado a lo largo de estos 4 años y que, en varias etapas, ha sido el principal (y casi único) sustentador de todo esto. ¡¡Gracias, Zineman!!
También me gustaría dar las gracias a todos los lectores que con mayor o menor frecuencia habéis querido pasaros por aquí y compartir con nosotros este espacio.
Un saludo a todos, un abrazote a los colaboradores, y hasta luego...
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1 Comentarios:
Bienvenido de nuevo, Barón. Te echábamos de menos.
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