Durante los años 80 y 90, una de las secciones más “guerreras” del Departamento de Policía de Nueva York fue la Street Crimes Unit (SCU), algo así como Brigada de Delitos Callejeros. Su grito de guerra era “We own the night”, “La noche es nuestra”, frase que había gozado de cierta popularidad durante la década de los 60 y que resurgió a principios de los 90, con la mediática primera Guerra del Golfo y la utilización de armas nocturnas, tan publicitada por la CNN. Con este lema, los agentes querían dejar claro que la noche era su terreno, y que los delincuentes ya no iban a disfrutar nunca más del amparo de la oscuridad. Coño, qué peliculero me ha quedado.
Varios años después de la disolución de la SCU, nos llega una película ambientada a finales de los 80, que toma como título el lema de la brigada. “La Noche Es Nuestra” nos cuenta la historia de Bobby Green, gerente de uno de los clubes nocturnos más rentables de la Nueva York de finales de los 80. El uso de su apellido materno le permite conservar en secreto su parentesco con Albert y Joseph Grusinsky, jefe y capitán de policía respectivamente, y a la sazón padre y hermano de Bobby.
Para intentar acabar con una banda de mafiosos rusos que está introduciendo grandes cantidades de droga en el país, Joseph pide ayuda a su hermano, ya que varios sospechosos frecuentan su local, pero Bobby se niega a colaborar, intentando mantener su cómoda y fructífera posición neutral. Cuando Joseph es objeto de un intento de asesinato y Bobby descubre que su padre es el siguiente en la lista, el tercero de los Grusinsky cierra filas en torno a su familia y decide trabajar con la policía.
El reparto está encabezado por Joaquin Phoenix, Mark Wahlberg y Robert Duvall como Bobby, Joseph y Albert Grusinsky. Les acompaña Eva Mendes, que interpreta a la novia de Bobby. Dirige James Gray, autor también del guión, que repite con el equipo de protagonistas de “La Otra Cara del Crimen”. En aquella ocasión, Phoenix y Wahlberg compartían cartel con Charlize Theron, James Caan y Faye Dunaway.
Y en aquella ocasión, el guión era igual de aburrido y de previsible: oveja negra de la familia que no sigue la tradición y se distancia de sus parientes policías; le piden ayuda y no la concede; sufre una crisis de conciencia cuando casi matan a su hermano; intenta enmendar su error, porque siente que aún no es tarde; esto afecta terriblemente a su relación con su novia, pero él cree que está haciendo lo correcto, porque además se está reconciliando con su familia; y a todo esto, los malos se han quedado con su cara y acechan detrás de cada esquina. Podría seguir con el desfile de tópicos, pero no quiero “reventaros” la película, suponiendo que tal cosa sea posible.
Si no fuera por los nombres que figuran en el cartel de esta película (y puede que también por la escena inicial en la que Joaquin Phoenix le mete mano a Eva Mendes, de altísimo valor dramático por su gran trascendencia para el desarrollo de la trama), su estreno habría pasado prácticamente desapercibido, que es justo lo que se merece. Ya lo he comentado varias veces, y no me cansaré de repetirlo: una de las peores cosas que le pueden suceder a una película es perder la capacidad de sorprender al espectador. Desde luego, no vamos a exigir que el guionista vaya varios minutos por delante del público, porque no siempre es posible ni necesario, pero lo que no puede ser es que nosotros vayamos por delante de él. A este paso tendremos que hacer huelga de espectadores. Mmmmm, qué idea...
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Los objetivos con los que surgió este proyecto fueron permitir que un grupo de gente se mantuviera en contacto, algo que de otra manera habría sido más complicado o incluso imposible conseguir, y ofrecer un sitio desde el que los colaboradores pudiéramos compartir nuestras reflexiones sobre los temas que más nos gustan, intentando entretener con ellas a nuestros lectores.
El desgaste a lo largo de este tiempo ha sido importante para todos, y cuando algo con lo que deberías disfrutar se convierte en una rutina, en una obligación... acabas por perder la motivación.
Es probable que algún día JeSúS Club reabra sus puertas, no sé con qué forma, con qué fondo, ni cuándo, pero confío en que vuelva. Esto es tan sólo el fin de un ciclo...
En este "hasta luego" quiero dar las gracias a todos los colaboradores que han ido pasando por este Club, y que han aportado su esfuerzo y su ilusión a este proyecto, dando siempre lo mejor de ellos mismos. Quiero dar las gracias especialmente a quien me ha acompañado a lo largo de estos 4 años y que, en varias etapas, ha sido el principal (y casi único) sustentador de todo esto. ¡¡Gracias, Zineman!!
También me gustaría dar las gracias a todos los lectores que con mayor o menor frecuencia habéis querido pasaros por aquí y compartir con nosotros este espacio.
Un saludo a todos, un abrazote a los colaboradores, y hasta luego...
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