7.7.08

[Cine] Solo ante el Peligro

- Somos amigos de toda la vida. Usted me proporcionó este cargo. Usted hizo que me llamaran. Desde que yo era un chiquillo tuve la ambición de parecerme a usted. Usted ha sido hombre de leyes toda su vida.
- Sí. Sí, toda mi vida, una gran vida. Se arriesga la piel cazando criminales y luego los jurados los sueltan para que vuelvan y disparen contra uno. Si se es honrado, se es pobre toda la vida, y al final se viene a morir asesinado en cualquier callejuela solitaria. ¿Por qué? Por nada. Por una estrella de latón.
- Escuche. El juez se ha marchado, Harvey ha dimitido y yo no consigo encontrar voluntarios.
- Sí, me lo figuro. Todo ha ido demasiado ligero. A muchos les da por hablar de orden y de ley en vez de hacer algo básico en que apoyarlas, tal vez porque en el fondo no les importa en absoluto. Esa es la triste realidad.


Esta semana recuperamos uno de los títulos más famosos de la historia del cine, que a pesar de su renombre se ha prodigado muy poco en las parrillas televisivas.

Hadleyville es un apacible pueblo del Oeste, debido en gran parte al magnífico trabajo del sheriff Will Kane, que durante los últimos cinco años ha velado celosamente por el cumplimiento de la ley. Hoy es un día de celebración, ya que Kane va a casarse con su prometida y a cesar en su cargo como agente de la ley. Aunque su sustituto no llegará hasta el día siguiente, los lugareños insisten en que Kane cuelgue la estrella y comience su luna de miel inmediatamente. Al fin y al cabo, ¿qué puede pasar?

Pues, por ejemplo, que aparezcan en el pueblo tres pistoleros a los que Kane envió hace años en la cárcel. Han sido vistos en la estación de ferrocarril, y se cree que están esperando la llegada del tren de las doce, en el que llegará el jefe de la banda, Frank Miller (no confundir con el guionista de cómics como “Batman”, “Sin City” y “300”). Son las once menos veinte, y los vecinos lo tienen claro: Kane debe abandonar Hadleyville cuanto antes. Aunque al principio se deja convencer, al poco rato el todavía sheriff decide dar media vuelta, quedarse y hacer frente a la banda de Miller, ya que es su deber.

En el tiempo que le queda, Kane intentará reclutar voluntarios para ayudarle en su tarea, pero poco a poco irá descubriendo el amargo sabor de la ingratitud. Tenemos de todo: el juez, que es el primero en hacer el equipaje y salir por pies (cuando Kane regresa al pueblo, se lo encuentra casi de milagro); su ayudante, que condiciona su participación al apoyo de Kane en su nombramiento como nuevo sheriff; su predecesor, que se escuda en que su artritis lo convertiría en un lastre más que en una ayuda; la dueña del saloon, antigua novia de Kane, que sube al tren antes que el maquinista; un amigo que finge no estar en casa; los vecinos, que le echan en cara que no haya abandonado el pueblo, lo que le habría facilitado las cosas a todos; el valiente de turno, que se apunta cuando cree que van a encontrarse en franca superioridad numérica y se borra cuando Kane no consigue reclutar a nadie más. Incluso su recientísima esposa duda entre abandonarlo o permanecer junto a él. Al final, Kane tendrá que enfrentarse a Miller y los suyos sin ayuda ninguna. Y no me acuséis de reventaros la trama, porque de eso ya se ha encargado el título, jeje.

El papel protagonista recae en Gary Cooper, acompañado por una joven Grace Kelly, en el que fue su primer trabajo importante. Entre los secundarios podemos ver a Lloyd Bridges como ayudante trepa, Katy Jurado como dueña del saloon y Lee Van Cleef como uno de los matones de Miller (que no tiene una sola línea de diálogo). Dirige Fred Zinnemann (no, no es pariente) y produce Stanley Kramer, uno de los realizadores más valientes de aquel Hollywood, con títulos como “Adivina Quién Viene Esta Noche”.



“Solo ante el Peligro” es un western muy sencillo, estructurado en forma de cuenta atrás, que nos muestra la progresiva angustia del sheriff, alternando sus carreras a lo largo y ancho del pueblo con planos del reloj de su oficina. Partiendo de una situación inicial de relativa confianza en sus posibilidades, Kane se va desmoronando ante el abandono de su ayudante y de sus amigos, lo que le lleva a buscar ayuda entre los clientes del saloon, algunos de ellos partidarios de Miller, y, en un último intento desesperado, a irrumpir en la iglesia mientras se está oficiando la misa.

A medida que se van sucediendo todos estos hechos, vemos cómo el sheriff se reafirma en su decisión, aunque los vecinos no lo merezcan en absoluto, ya que lo considera su deber. El broche de este crescendo lo pone el propio Kane escribiendo su testamento mientras apura los últimos minutos en su oficina, antes de salir a la calle para que el plano se abra y podamos comprobar que está completamente solo. Poco después comienza su duelo suicida contra la banda de Frank Miller, en el que el director juega hábilmente con las luces y sombras, con excelentes primeros planos de Gary Cooper, en los que explota estupendamente su mirada. Lo mismo sucede con los posos de carga crítica del guión, que en las últimas escenas se pueden apreciar en las calles del pueblo, desiertas durante el tiroteo y abarrotadas a la conclusión del mismo.



Si nos remontamos al año 1951, descubrimos en el estreno de “Solo ante el Peligro” un alarde de valentía, ya que fueron muchos los que la consideraron absolutamente antiamericana, dada la clarísima referencia que se hacía a las listas negras de la caza de brujas. Una de las voces que más alto se alzó fue la de John Wayne (políticamente situado a la derecha de la ultraderecha), que le tenía ganas a Gary Cooper por su reputación de demócrata liberal (en otras palabras, que era de derechas pero no mucho) y por su vago testimonio en su declaración ante el comité HUAC del senador McCarthy. Cooper, arrierito como él solo, se vengó de John Wayne pidiéndole que recogiese su Oscar al mejor actor, que ganó precisamente por esta película, ante su imposibilidad de asistir a la gala. La respuesta de Wayne llegó en 1959 con el rodaje de “Río Bravo”, que se concibió como una versión derechista de “Solo ante el Peligro”. Años más tarde, con Cooper ya fallecido, John Wayne seguía tan cabreado que no vacilaba en inventarse detalles, como en la escena en la que Kane deja caer su estrella, afirmando “el Duque” que el sheriff la pisotea, cosa que no sucede en absoluto.

Cincuenta y tantos años después de su estreno, “Solo ante el Peligro” es por derecho propio uno de los títulos emblemáticos del western, y el trabajo por el que más se recuerda a Gary Cooper hoy en día. No en vano, su Will Kane es uno de los héroes clásicos del cine americano, y ocupa el quinto puesto en la lista elaborada en su día por el American Film Institute, sólo superado por Atticus Finch ( “Matar a un Ruiseñor”), "Indiana Jones", James Bond y Rick Blaine (“Casablanca”). Casi nada.

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30.6.08

[Cine] El Incidente

Hace casi dos años, hablábamos de M. Night Shyamalan en esta web, repasando brevemente su carrera y centrándonos en el estreno de su última película, “La Joven del Agua”. Hoy nos visita de nuevo, con “El Incidente”.

Nueva York, una mañana como otra cualquiera. Los padres acuden al trabajo, mientras sus hijos asisten al colegio. La gente pasea por la calle, y nada hace presagiar lo que está a punto de suceder. De repente, todo el mundo se queda paralizado al mismo tiempo, y tras unos pocos instantes empieza a suicidarse: una mujer se apuñala con una aguja que sujetaba su pelo, unos albañiles se arrojan al vacío, un policía se suicida con su arma reglamentaria, y después varios transeúntes la utilizan para suicidarse también.

Esta conducta se extiende rápidamente por toda la ciudad, cundiendo el pánico entre la población. Al principio se piensa en un atentado terrorista con armas biológicas, pero la rápida expansión del ataque y su alcance global, llegando hasta objetivos muy poco poblados y por lo tanto poco estratégicos, obliga a descartar esta hipótesis, momento en el que se empieza a hablar de algún experimento secreto que se le haya podido escapar de las manos al gobierno.

Sea como fuere, la gente tiene muy claro que lo prioritario es huir de la ciudad y refugiarse en el campo, así que todos abandonan la ciudad sin más dilación. La película se centra en la huida de Elliot Moore, un profesor de Nueva York que intenta alcanzar la supuesta seguridad del ámbito rural en compañía de su esposa Alma.

El reparto está encabezado por Mark Wahlberg en el papel de Elliot Moore, escrito expresamente para él, y Zooey Deschanel (la Trillian de la “Guía del Autoestopista Galáctico”) como Alma. Otro rostro conocido es el de John Leguizamo, que interpreta a un amigo y compañero de trabajo de Elliot. Dirige, escribe y produce, como siempre, M. Night Shyamalan.

Hace dos veranos hablábamos de la cuesta abajo en la que se estaba convirtiendo la carrera de Shyamalan, un cineasta que tanto prometía desde su impresionante debut con “El Sexto Sentido”, allá por finales de 1999. En varias entrevistas, ha afirmado que aquel éxito hizo que los estudios le obligaran a convertirse en “el chico de las películas con giro argumental al final”, motivo por el cual acabaría rompiendo con Touchstone Pictures tras el rodaje de “El Bosque”.



Sin embargo, lo cierto es que a pesar del cambio de estudio Shyamalan ha seguido por el mismo camino, y continúa descendiendo por esa cuesta abajo. “El Incidente” es la película más floja de toda su carrera, y si ya había perdido la capacidad de sorprender al espectador, ahora comienza a perder la capacidad de despertar su interés. Cualquier parecido entre “El Sexto Sentido” o “El Protegido” con “El Incidente”, en materia de guión o suspense, es pura coincidencia. Uno de los aspectos en los que más ha decaído es en su costumbre de alternar situaciones emocionales con la trama de la película en cuestión. Así como en sus primeras películas combinaba con cierta habilidad estos elementos (la madre soltera con su hijo en “El Sexto Sentido”, las crisis matrimoniales de Bruce Willis en esta misma película y en “El Protegido”, o la crisis de fe en “Señales”), en “El Incidente” no va más allá de una chirriante mezcla.

Más de una vez se ha dicho que hay actores de una sola película, y en esta web hemos puesto el ejemplo de Tom Hulce y su Mozart en “Amadeus”, pero esta afirmación se puede extender al resto de profesionales, en este caso a los directores. Shyamalan supo aguantar inicialmente el tirón de su gran éxito, pero al final no ha podido resistirlo más y lleva unos años en continuo declive. En fin, citando al Dr. Tyrell, la luz que brilla con el doble de intensidad dura la mitad de tiempo, y Shyamalan brilló en su día con muchísima intensidad. Probablemente demasiada.

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23.6.08

[Cine] El Mundo en sus Manos

- A Jonathan no le interesa Alaska, mientras tenga el mundo en sus manos.

En una época en la que el cine de aventuras se encuentra totalmente dominado, salvo honrosas excepciones, por la proliferación injustificada e injustificable de efectos especiales, no está de más echar la vista atrás y retroceder unos cincuenta y tantos años en el tiempo.

San Francisco, 1850. El capitán Jonathan Clark, más conocido como el Hombre de Boston, es uno de los marinos más intrépidos de los Estados Unidos. Para ganarse la vida no duda en conducir su goleta, la Peregrina de Salem, hasta las costas del entonces territorio ruso de Alaska, eludiendo y desquiciando a las patrulleras del zar. Últimamente ronda una idea bastante osada por su cabeza, consistente en comprar Alaska a los rusos, motivo por el cual comienza a negociar con varios banqueros de San Francisco.

Sin embargo, todos sus planes de negocio quedan a un lado cuando se cruza en su camino la condesa Marina Selanova, que ha llegado al país huyendo de su indeseado pretendiente, el príncipe Semyon. En el momento en el que el Hombre de Boston se enamora de la condesa, sus problemas con los rusos se agravan seriamente, estimulados por el “mal perder” del príncipe.

El reparto está encabezado por Gregory Peck y Ann Blyth en los papeles de Jonathan Clark y la condesa Salanova. Anthony Quinn es el Portugués, un traicionero competidor del Hombre de Boston, y Carl Esmond es el príncipe Semyon. En el papel de Ogeechuk, el simpático esquimal, podemos ver a Bill Radovich, un jugador profesional de fútbol americano, que se reparte las dosis de comedia con Anthony Quinn. Dirige Raoul Walsh (el director de cine con parche en el ojo que no es John Ford), con guión basado en la novela de Rex Beach.

Quedan para el recuerdo escenas como las diversas peleas repartidas a lo largo de la película, sobre todo aquellas que tienen lugar entre el Hombre de Boston y el Portugués, aunque quizá la escena más emocionante sea la carrera de goletas hasta las costas de Alaska, con ambos barcos como premio de una apuesta entre ambos capitanes. De este modo, Anthony Quinn le roba descaradamente el “antagonismo” a Carl Esmond, relegando las disputas con el príncipe Semyon a un discreto segundo plano, que dicho sea de paso encaja con el carácter gris del personaje. Sin embargo, un papel como el del Portugués necesita un actor que lo haga suyo, y ese es sin duda alguna Anthony Quinn.



Testimonio de una forma de hacer cine que ha conocido tiempos mejores, “El Mundo en sus Manos” se enmarca en el género de navíos y piratas que tuvo en Burt Lancaster a su máximo exponente, con películas como “El Temible Burlón” o “Su Majestad de los Mares del Sur”. En los últimos años, fracasos como “La Isla de las Cabezas Cortadas”, sinpenaniglorias como “Master and Commander” y grandes éxitos como la saga de “Piratas del Caribe” son, por decir algo, lo más parecido que podemos encontrar. Sigh...

Al compañero que nos deja para seguir su propio camino. Que la suerte le acompañe, una suerte tan grande como el vacío que deja tras de sí. De momento ya tiene el mundo en sus manos, en forma de Julia.

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16.6.08

[Cine] Testigo de Cargo

- Esta mañana no tenía ningún abogado. Ahora, de repente, me encuentro con tres. Puede que debamos explicar a Sir Wilfrid que tengo muy poco dinero. No me será posible pagar costas y gastos.
- Es igual. Buscaremos un cuarto abogado para demandarle.


Los aficionados al cine de intriga echamos mucho de menos a Agatha Christie. Son muchos los escritores que han dedicado su carrera al género de la novela policíaca, pero ninguno ha tenido el mismo éxito que ella, ni ha conseguido llenar el vacío que dejó tras su fallecimiento, acaecido hace ya más de treinta años. Hoy retrocedemos más de medio siglo en el tiempo para comprobar que hay Agatha Christie más allá de Hércules Poirot y su “Asesinato en el Orient Express”, e incluso más allá de la señorita Marple. En 1948 se publicó una de sus colecciones de relatos, entre los que destacaba “Testigo de Cargo”, que posteriormente fue reconvertido en obra de teatro. Su éxito fue tremendo, y en 1958 se estrenaba su adaptación cinematográfica.

Sir Wilfrid Robarts es un veterano abogado inglés, que regresa a su casa después de pasar una temporada en el hospital, a causa de un ataque cardíaco. Los médicos le han prohibido todo tipo de emociones, pero nada más cruzar el umbral cae en sus manos un apasionante caso de asesinato. Leonard Vole, un muerto de hambre con ansias de convertirse en inventor, ha sido acusado de matar a una viuda cincuentona a la que frecuentaba últimamente:

- Iba a verla una o dos veces por semana. Tenía siempre una botella de jerez para mí. Charlábamos, jugábamos a las cartas o escuchábamos en el gramófono canciones pasadas de moda. No puedo imaginármela tendida en el suelo de aquella habitación, asesinada...
- Le aseguro a usted que ya se la han llevado. Dejarla allí habría sido inhumano, ilegal y antihigiénico.


Al principio, Sir Wilfrid declina hacerse cargo del caso, recomendando a la defensa que base su estrategia en la ausencia de móvil, pero decide tomar las riendas del asunto cuando se hace público el testamento de la difunta, que otorga una herencia de 80.000 libras esterlinas al acusado. Este mal comienzo se verá empeorado por la enigmática actitud de Christine Vole, la esposa del acusado, que no parece muy proclive a colaborar en la defensa de su marido.

El reparto está encabezado por Charles Laughton, Tyrone Power y Marlene Dietrich en los papeles de Sir Wilfrid, Leonard Vole y Christine Vole. Entre los secundarios destacan Elsa Lanchester, esposa de Charles Laughton en la vida real, y que en la pantalla interpreta a su obstinada enfermera, y Una O’Connor, como doncella de la víctima, y única actriz que repetía su papel de la representación en Broadway. Precisamente debido al éxito de la obra de teatro, fueron muchos los actores que pelearon por un papel en la película. La primera opción de los productores para el papel de Leonard Vole fue William Holden, pero estaba ocupado rodando “El Puente Sobre el Río Kwai”, así que se barajaron nombres como Gene Kelly, Kirk Douglas, Jack Lemmon, Glenn Ford y Roger Moore, siendo finalmente el elegido Tyrone Power, en el que sería su último trabajo (fallecería poco después, a causa de un infarto, durante el rodaje de “Salomón y la Reina de Saba”). Marlene Dietrich tampoco lo tuvo fácil, ya que Ava Gardner y Rita Hayworth hicieron todo lo posible por conseguir el papel de la señora Vole. Dirige Billy Wilder, demostrando que no sólo sabía hacer comedia, y no lo debió hacer mal, ya que mucha gente felicitó a Alfred Hitchcock por la calidad de la película, según afirmaba el propio Hitchcock, porque pensaban que la había dirigido él. Para equilibrar la balanza, Billy Wilder declaró que varias personas le comentaron lo mucho que les había gustado su trabajo en “El Proceso Paradine” (dirigida por Hitchcock).



No es de extrañar que se produjeran este tipo de confusiones, ya que la intriga de “Testigo de Cargo” está excelentemente construida y celosamente guardada. Sin renegar de su origen teatral, algunas escenas de la historia se desarrollaron un poco más, e incluso se sacaron de la sala de vistas donde sucedían, a fin de dotar de mayor dinamismo a la trama. También se cambió el punto de vista de la historia, originalmente más centrado en el acusado, adoptándose como nueva perspectiva la de Sir Wilfrid. Para dotar de credibilidad al personaje, Charles Laughton modeló su personaje a partir de un abogado real, Florance Guedella, que había trabajado tanto para él como para su compañera de reparto Marlene Dietrich. El uso del monóculo como herramienta intimidatoria durante los interrogatorios es uno de los detalles que Laughton tomó prestados de Guedella.

Tanto esmero en la recreación de la historia habría sido insuficiente sin la debida discreción. Durante el rodaje, toda persona que accedía al plató tenía que firmar previamente un compromiso de confidencialidad, certificando que no revelaría los detalles clave de la trama, fundamentalmente la sorpresa final. Es más, las diez últimas páginas del guión fueron guardadas bajo llave hasta el último día de rodaje, y casi toda la película se filmó con un reparto que desconocía el desenlace de la trama. Las medidas de protección no terminaron aquí, ya que al final de la proyección se rogaba a los espectadores que no revelasen el final a aquellos que no hubieran visto aún la película (petición que se conserva en la edición en DVD). Incluso los miembros de la Familia Real británica, que pidieron un pase privado, tuvieron que prometer que guardarían el secreto.

El trabajo del equipo de rodaje y su celo en la preservación de las sorpresas de “Testigo de Cargo” le supusieron seis nominaciones a los Oscar: película, director, actor (Charles Laughton), actriz de reparto (Elsa Lanchester), montaje y sonido. La mayor decepción fue para Marlene Dietrich, tan segura de sí misma que incluso había grabado una nueva introducción para su espectáculo de Las Vegas, en la que presumía de una nominación que nunca llegó. Vale, seguramente se pasó de lista, pero también es cierto que había realizado un trabajo impecable. Lo mismo cabe decir de su compañero Charles Laughton, que sí optaba a un premio, pero la película, al igual que “Doce Hombres Sin Piedad”, fue arrollada en la entrega de premios por “El Puente Sobre el Río Kwai”, que, como toda superproducción que se precie, no dio opción a sus rivales.



A pesar de tan severa derrota, “Testigo de Cargo” ha sobrevivido al paso del tiempo, y sigue conservando la fuerza de antaño, algo de lo que posiblemente tenemos parte de culpa los nostálgicos como yo. Insisto: echo muchísimo de menos a Agatha Christie, y ya que estamos, también a Billy Wilder. Cada día más.

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9.6.08

[Cine] Cadena Perpetua

Los que le conocíamos mejor hablamos de él muy a menudo. Es increíble todo lo que consiguió. A veces me entristece que Andy no esté aquí, y tengo que acordarme de que algunos pájaros no pueden ser enjaulados. Sus plumas son demasiado hermosas, y cuando se van volando se alegra esa parte de ti que siempre supo que era un pecado enjaularlos. Aun así, el lugar donde tú sigues viviendo resulta más gris y vacío cuando ya no están.

Supongo que sencillamente echo de menos a mi amigo.



Los dramas carcelarios constituyen por sí solos todo un subgénero cinematográfico. En esta sección hemos hablado de “La Milla Verde” y “La Leyenda del Indomable”, pero existen más excelentes ejemplos, como “Cadena Perpetua”.

Andy Dufresne lo tiene todo: una preparación y una cultura formidables, una esposa preciosa, un magnífico puesto de vicepresidente en un banco, y un prometedor futuro. Pero todo se viene abajo cuando descubre que su mujer le engaña con un jugador de golf. Su primera medida es emborracharse, y la segunda coger un revólver. En ese momento saltamos al juicio contra Andy, acusado de las muertes de su esposa y del amante, en el que el joven banquero se declara inocente. El juez lo condena a cumplir dos cadenas perpetuas, una por cada asesinato.

Tras formularse la sentencia, Andy es trasladado a la prisión de Shawshank, donde traba amistad con algunos reclusos, entre ellos Red (que hace las veces de narrador de la historia), y despierta el interés del alcaide y del jefe de los guardianes, que utilizan los conocimientos de Andy para blanquear el dinero procedente de sus chanchullos. Con el paso de los años, Red contempla cómo la vida en Shawshank va haciendo mella en Andy, y los acontecimientos se precipitan hasta un sorprendente final, uno de los mejores que se han visto jamás en una sala de cine.

La película está protagonizada por Tim Robbins en el papel de Andy, que previamente había sido rechazado por Tom Hanks, debido a problemas de agenda con el rodaje de “Forrest Gump”, y Kevin Costner, que luego afirmó haber lamentado enormemente su decisión. En el personaje de Red podemos ver al narrador por excelencia, Morgan Freeman, y a su hijo Alfonso, que posó para las fotos del joven Red. Los malos de turno son Bob Gunton y Clancy Brown, como alcaide y jefe de celadores respectivamente. Dirige Frank Darabont, autor también del guión, en el que invirtió ocho semanas de trabajo, a partir de un relato de Stephen King, “Rita Hayworth y la Redención de Shawshank”. Atraído por la calidad de la historia, Rob Reiner intentó comprar el guión de Darabont, pero éste consideró que era una oportunidad demasiado buena para dejarla pasar. De haber tenido éxito en sus gestiones, Reiner habría intentado fichar a Tom Cruise y Harrison Ford para los papeles protagonistas.



Hoy en día, el espectador no puede dejar de alegrarse por la decisión final de Darabont, ya que todos los engranajes de “Cadena Perpetua” encajan a la perfección. Tim Robbins es la indefensión personificada, transmitiendo un engañoso sentimiento de rendición, y Morgan Freeman representa la experiencia y el conformismo (en la película se utiliza una palabra más formal, “institucionalización”). Por su parte, Bob Gunton es un malo al más puro estilo del cine clásico, y Clancy Brown es un matón de antología. El trabajo de todos ellos hace de la película una historia dura pero preciosa en su conjunto, una reflexión sobre la amistad y la esperanza adornada con una bonita y suave banda sonora de Thomas Newman.

A pesar de ser un drama, “Cadena Perpetua” cuenta también con varios elementos de suspense, en los que se basa su capacidad de enganchar al espectador: la incógnita sobre la inocencia o culpabilidad del protagonista, sus problemas con los matones de la cárcel, la creciente tensión con el alcaide, o su presunto derrumbe psicológico en el tramo final. A medida que avanza la historia, la atención se va centrando en uno u otro, lo que hace que las dos horas y cuarto de película sean muy llevaderas. En cierto modo, la película es una versión de “El Conde de Montecristo”, idea que Darabont hace patente con la breve aparición de este libro en la biblioteca de Shawshank:

– Te gustará. Habla de una fuga.
– Entonces ponlo en “Educación” también.


Una de las mayores virtudes de “Cadena Perpetua” es que está rodada con mucho cariño, y eso se nota en el resultado final. Se cuenta que Frank Darabont veía “Uno de los Nuestros” todos los domingos durante el rodaje, para inspirarse en aspectos como las técnicas de narración y el reflejo del paso del tiempo. También hubo quien mostró un celo excesivo, como la American Humane Association, que protestó por la escena en la que un recluso alimenta a un pájaro con un gusano. La AHA alegó que esto suponía crueldad para con el gusano, y exigió que la secuencia se rodara –ojo al dato– utilizando un gusano muerto por causas naturales. Para evitar mayores problemas, la escena se filmó de este modo.



Sin embargo, este cariño tardó en verse correspondido por el público. Los resultados en taquilla fueron bastante modestos, y sólo empezaron a mejorar cuando la película fue nominada a siete premios Oscar. Aunque no consiguió ninguna estatuilla (chocó con “Braveheart”), su nominación supuso una excelente promoción, convirtiéndola en uno de los mayores éxitos de la historia del mercado videográfico. Además, figura en el puesto nº 1 de la lista “Must See Movies of All Time” elaborada por votación de los oyentes de la emisora londinense Capital FM, y también en la lista de mejores películas de la historia de la revista Empire. En lo que se refiere a nuestra estimada Internet Movie DataBase (http://spanish.imdb.com), ocupó el primer puesto del Top 250 Films durante mucho tiempo, hasta que fue desbancada por “El Padrino”. Actualmente, sigue defendiendo con firmeza el segundo puesto.

En lo que a mí respecta, “Cadena Perpetua” es una de las mejores películas que he tenido la suerte de disfrutar, y procuro volver a verla de vez en cuando. Una costumbre afianzada gracias a la cartelera de los últimos meses, que ha hecho de la videoteca un refugio muy socorrido.

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2.6.08

[Cine] West Side Story

Aunque su repercusión en el cine actual es mínima, no se puede negar que el género musical nos ha dado películas excelentes: “Cantando Bajo la Lluvia”, “El Violinista en el Tejado” o “Cabaret” son buenos ejemplos de ello. En los últimos años, tenemos que remontarnos a principios de la década para encontrarnos con los éxitos más recientes, “Moulin Rouge” y “Chicago”, esta última ganadora del Oscar a la mejor película de 2002. Más cercanos en el tiempo quedan intentos fallidos como “El Fantasma de la Ópera” o “Sweeney Todd”.

Uno de los títulos que brillan con luz propia es “West Side Story” (subtitulada en España con un discutible “Amor Sin Barreras”). Basado en “Romeo y Julieta”, este musical nos contaba la historia de dos bandas rivales del West Side neoyorquino: los Jets, de origen local, y los Tiburones, compuesta por emigrantes portorriqueños. En plena escalada de tensión entre ambos bandos, surgía un amor a primera vista entre Tony, un histórico miembro de los Jets, ya retirado de la vida callejera pero fiel a sus antiguos compañeros, y María, hermana del jefe de los Tiburones. Este flechazo suponía la chispa definitiva para el estallido de una guerra entre bandas.

El reparto está encabezado por Richard Beymer y una jovencísima Natalie Wood en los papeles de Tony y María, acompañados por Russ Tamblyn como Riff, jefe de los Jets, George Chakiris como Bernardo, jefe de los Tiburones, y Rita Moreno como Anita, novia de este último. Dirige Robert Wise con la colaboración de Jerome Robbins, uno de los autores del musical. El plan original era que Wise dirigiera las escenas dramáticas y Robbins los números musicales, pero el perfeccionismo de Robbins acabó disparando plazos y presupuesto, así como el índice de lesiones de los bailarines, motivo por el que fue despedido cuando se había completado aproximadamente un 60% del rodaje. La orquestación de la partitura, una de las más exigentes de la historia (la versión íntegra requiere un total de 30 músicos), corre a cargo de Leonard Bernstein, uno de los más grandes directores de orquesta del siglo XX, y la letra original de Stephen Sondheim fue suavizada para burlar la censura, mucho más severa en la pantalla que en los escenarios.

La historia del reparto es bastante rocambolesca. Los productores querían a Elvis Presley en el papel de Tony, y el Rey del Rock se interesó vivamente por la película, pero su manager lo disuadió de aceptar el papel, decisión que el cantante no tardaría en lamentar, a la vista del gran éxito cosechado. Russ Tamblyn hizo entonces varias pruebas para el personaje, pero Richard Beymer fue finalmente el elegido, momento en el que se pidió a Tamblyn que probara para el papel de Riff, que en el montaje londinense había sido interpretado por George Chakiris, el actor que da vida a Bernardo. Para el papel de María se descartó a Carol Lawrence, que había interpretado el personaje con gran éxito en los escenarios, decisión que generó una gran polémica hasta el día del estreno. Audrey Hepburn fue la primera candidata para sustituirla, pero al encontrarse embarazada tuvo que rechazar la oferta. Natalie Wood consiguió el papel prácticamente por casualidad, ya que fue incluida en las pruebas a petición de su entonces novio Warren Beatty, que se moría de ganas por conseguir el papel de Tony. Se debió coger un buen cabreo cuando él fue rechazado y su novia no.



La suerte de todos los seleccionados fue un arma de doble filo, ya que el perfeccionismo de Jerome Robbins comenzó con tres meses de continuos ensayos, seguidos de más ensayos en las localizaciones definitivas de un rodaje que duró otros seis meses, y de una postproducción que supuso otros siete meses más de montaje y mezcla de sonido. La escena inicial, rodada sobre el asfalto de la Calle 61 Oeste (más duro que la madera de cualquier escenario), lugar en el que poco después se iba a edificar el Lincoln Center, fue la que más “víctimas” se cobró. El ambiente tampoco era ideal, ya que se pidió a los actores de bandas rivales que se gastaran bromas pesadas mutuamente, a fin de generar y trasladar esa tensión a la película. Incluso se alteró el orden de los números musicales, colocando los más ligeros al principio y los más dramáticos al final, para mantener la tensión en constante ascenso.

Y en efecto, todo este sacrificio y sufrimiento se refleja en la pantalla, convirtiendo a “West Side Story” en uno de los musicales más exitosos y conocidos de la historia del cine. De entre sus muchos números debemos destacar el prólogo en las calles del West Side, donde se nos presenta a los Jets y a los Tiburones, mostrándose los primeros enfrentamientos entre ellos; el baile en el gimnasio, con la sucesión de varias piezas musicales, siendo probablemente el mambo la más pegadiza, con las espectaculares piruetas de Russ Tumblyn; el solo de Tony con “María”, una de las más bellas canciones de amor de la historia del cine; el “Tonight” que cantan juntos los dos amantes; el “Cool” que interpretan los Jets en un garaje tras la muerte de Riff, manifestando su ira pero intentando mantener la calma; y el ya mítico “América”, en el que los inadaptados Tiburones y sus ya integradas novias discuten sobre las ventajas e inconvenientes de su país de acogida. De este último número, en el que se enfatiza la discriminación de los inmigrantes portorriqueños (y en menor medida su desigual grado de integración, con las mujeres renegando de su país de origen y los hombres echando pestes de los Estados Unidos), es probable que nos hubiéramos visto privados si hubiese prevalecido el planteamiento inicial de la historia, con un joven judío enamorado de una católica irlandesa (en algunas versiones de este borrador inicial se intercambian ambas confesiones), y que en aquellos momentos recibía el título de “East Side Story”. El boom de la inmigración portorriqueña durante los años 50 inspiró los cambios que dieron forma a la historia definitiva.



El resultado de toda esta brillantez tuvo su extensión en forma de diez premios Oscar: película, dirección (primera ocasión en que este galardón era compartido, y única hasta la edición de este año, con el triunfo de los hermanos Coen), actores de reparto (George Chakiris y Rita Moreno), montaje, fotografía, dirección artística, vestuario, sonido y, cómo no, banda sonora (la más vendida de la historia en su momento). El único que se marchó de la gala con las manos vacías fue el guionista Ernest Lehman, que se debió agarrar un buen mosqueo a cuenta de ello. En 2001 recibió un Oscar honorario por su “diverso y perdurable trabajo”: “Sabrina”, “Con la Muerte en los Talones”, “West Side Story”, “¿Quién Teme a Virginia Woolf?” y “Hello, Dolly!”, entre otros.

Hoy en día, “West Side Story” es considerado como el segundo mejor musical de la historia del cine (sólo superado por “Cantando Bajo la Lluvia”) por el American Film Institute, y ocupa el puesto 51º en la lista de mejores películas publicada el pasado año 2007 (diez puestos por debajo del 41º que obtuvo en la primera edición de la lista, publicada diez años antes). Estas listas han sido duramente criticadas por tener en cuenta sólo las películas estadounidenses, pero por algo el AFI lleva el “American” en su nombre, supongo. En cualquier caso, no deja de ser un honor para “West Side Story”. Un honor y un mérito.

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26.5.08

[Cine] Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal

Hace cosa de dos años, hablamos en esta web de la saga de Indiana Jones, y discutíamos sobre la posibilidad de que el famoso arqueólogo regresara a la gran pantalla, después de muchos años de espera y una continua sucesión de intentos fallidos. En 2006, Harrison Ford amenazó con abandonar definitivamente el proyecto si la película no se rodaba en los siguientes dos años, y el ultimátum debió surtir efecto, porque en 2007 tuvimos la oportunidad de ver cómo el rodaje se ponía por fin en marcha. La cuarta película de Indiana Jones salía por fin del “development hell”.

Poco después se hizo público el llamativo (y demasiado largo) título de la nueva entrega, y en febrero de 2008 llegó el teaser trailer, que no tenía mala pinta e invitaba a soñar con una buena película, aunque algunos preferimos mantener la debida cautela. En marzo, George Lucas nos dio la razón, ya que pidió calma ante la expectación que se estaba generando, temeroso de que el público esperase más de lo que iba a recibir y saliese decepcionado de los cines. Aunque algunos profetas aprovecharon para ponerse chulos, los más prudentes preferimos esperar al trailer final, que vio la luz a primeros de mayo, y tampoco era para tirar cohetes. Poco después apareció un tercer y último trailer, que seguía sin desvelarnos nada más. La semana pasada se presentó la película en Cannes, cosechando críticas que cubrían todo el espectro. Por fin, la historia llegó a los cines de todo el mundo el pasado jueves.

A estas alturas, presentar a Indiana Jones es un trámite innecesario, sobre todo para aquellos que hemos crecido durante la década de los 80, a la que pertenecen sus tres aventuras anteriores. En 1981 pudimos ver cómo el doctor Jones buscaba el Arca de la Alianza, en una carrera contra los nazis. En 1984 “aterrizaba” en la India, donde tropezaba con una sangrienta secta que ansiaba el poder de cinco piedras mágicas. En 1989 recuperaba la temática cristiana y la pelea contra los nazis, siendo esta vez el Santo Grial el objeto de su búsqueda.

Han pasado diecinueve años desde entonces, y no precisamente en balde. Para hacer compatible el envejecimiento de Harrison Ford con el Indiana Jones de las anteriores películas de la saga, que estaban ambientadas en la década de los 30 (1936, 1935 y 1938 respectivamente, para ser exactos), la acción de la nueva aventura se sitúa en 1957, trasladando a la pantalla los 19 años transcurridos desde el estreno de “Indiana Jones y la Última Cruzada”. Debido a las fechas que se manejan, utilizar nuevamente a los nazis como villanos resulta del todo anacrónico, así que la mala malosa de turno es rusa. La temática cristiana queda también a un lado, aunque había reliquias sin explotar, como la Lanza del Destino, la Santa Cruz, el Santo Sepulcro y similares (si se quedan sin ideas, que le pidan consejo a Dan Brown). ¿Cuál es, entonces, el preciado objeto protagonista?



La respuesta la encontramos en el continente americano, donde a lo largo del siglo XX se realizaron distintas excavaciones arqueológicas en ruinas mayas y aztecas, fruto de las cuales se hallaron (supuestamente) varias calaveras talladas en cristal. El tamaño, forma y material de estas reliquias varía de una excavación a otra, pero no cabe duda de que se trata de reproducciones de calaveras humanas, cuyo perfecto acabado tuvo totalmente despistados a los científicos, ya que actualmente se requiere el uso de técnicas modernas (entre ellas el láser) para lograr un resultado de igual calidad. En fin, cada uno se come el coco con lo que quiere, pero la hipótesis más sólida es la del fraude, aunque en la película se opta por un origen alienígena (sí, el “bisho” ese que se ve en el centro del poster).

¿Cómo encaja todo esto? Pues no encaja, pero la historia comienza con Indiana Jones secuestrado por un grupo de soldados rusos en pleno desierto de Nevada y trasladado hasta unos almacenes secretos del ejército yanqui, los mismos que aparecían al final de “En Busca del Arca Perdida” (primer autoguiño de la noche). Estas instalaciones albergan algunos de los objetos más poderosos del planeta, pero para no llamar la atención están custodiados por cuatro soldados contados, así que los rusos no tienen problemas para deshacerse de ellos y encontrar lo que buscan: los restos del supuesto accidente alienígena de Rosswell (como se pudo ver en el trailer), concretamente el cadáver de un extraterrestre.



Sin embargo, no es eso lo que buscan los rusos, sino algo parecido, y en ese momento se inicia la carrera entre buenos y malos, que tras alguna que otra persecución en la universidad los llevará a todos a Sudamérica, donde el sinsentido se dispara, los despropósitos se acumulan y el espectador se desconcierta. Tenemos de todo: el joven motorista que se cree Marlon Brando (con el consiguiente interrogante acerca de si es Indy Jr. o no), el antiguo amor que reaparece (en un papel que parece escrito para Ana Obregón), el colega enloquecido, el amigo que cambia de bando tantas veces que al final ni se sabe a qué bando pertenece ni nos importa, la villana que da más risa que miedo, y las escenas supuestamente cómicas que a media película ya aburren. Las escenas finales, con apoteosis alienígena incluida, sólo se ven superadas por el brillante colofón de la película, el mayor sacrilegio cinematográfico desde la boda de 007.

El reparto está encabezado por un combustionado (no sé si existe esta palabra, pero quería hacer una gracia, acostumbrados como estamos al ab-uso del término “incombustible”) Harrison Ford, acompañado por Ray Winstone y Shia LaBeouf (el protagonista de “Transformers”). Karen Allen regresa 27 años después como Marion Ravenwood, y Cate Blanchett es la mala malosa. John Hurt (sobre el que se llegó a rumorear que interpretaría a Abner Ravenwood, padre de Marion, mencionado en “En Busca del Arca Perdida” y ya fallecido en dicha película) es el profesor Oxley, un colega de Indy que desaparece mientras busca la dichosa calavera. Jim Broadbent aparece brevemente como sucesor de Marcus Brody.

Ya durante la exhibición del teaser trailer hubo espectadores que hicieron de los efectos especiales su principal preocupación. Spielberg y Lucas afirman haber primado la utilización de efectos especiales tradicionales y equipos de especialistas, intentando reducir al máximo el uso del CGI (que estiman en un 30% de los planos, centrándose sobre todo en las pinturas mate de fondo) para mantener la coherencia estilística de la saga. Como yo soy un poco raro para según que cosas, me dio por preocuparme más del guión, aunque recordando siempre que estamos ante una cuarta parte, que se dice pronto.



El estreno me ha dado la razón. Por mucho que uno reduzca sus expectativas, y por lo tanto acote de antemano su posible decepción, el nuevo Indiana sobra. Cierto es que la película entretiene, en parte porque el principio es aceptable (con un Indiana Jones riéndose de sí mismo y de su edad), en parte porque es movida, y en parte porque a medida que avanza la historia el espectador está tan ocupado alucinando e indignándose que no tiene oportunidad de aburrirse. Cuesta entender que Lucas haya desechado guiones aprobados por Spielberg y Ford hasta dar con esta “joya”. Cuesta creer que estos dos le hayan seguido la corriente. Cuesta contenerse cuando se nos quiere vender esta nueva entrega como una digna continuación de la saga. Cuesta recordar a John Hurt diciendo que él firmó porque le convenció el guión, sobre todo su personaje (no te giba…), y no por añadir “Indiana Jones” a su curriculum.

Echo de menos a los nazis y a Mola Ram. Echo de menos a Sallah y a Tapón. Echo de menos a Henry Jones y a Marcus Brody. Echo de menos el Arca de la Alianza, las piedras Shankara y el Santo Grial. Echo de menos a Marion Ravenwood (la buena), a Willie Scott y a Elsa Schneider. Echo de menos a Spielberg (a mí no me engañan, esta la ha dirigido un primo suyo). Pero, por encima de todo, echo de menos a Indiana Jones.

En 1980, el trato inicial del Trío Calaveras con la Paramount contemplaba el rodaje de cinco películas. Semanas antes del estreno, Harrison Ford se apresuró a dejar clara su disposición para volver a ponerse delante de la cámara (normal, dudo que alguien lo fiche para una película después de ver esto). Se habla incluso de continuar la saga con el personaje de Shia LaBeouf, lo que supondría el tiro de gracia para la franquicia. Lo que hay que hacer, Lucas, es cambiar de actor, no de personaje. Mira qué bien les ha ido a los productores de James Bond, y eso que ya van por el sexto actor. ¿Cómo? ¿Sacrílego yo? ¿Pero tú has visto bien tu última película, muchacho?

En fin, ya ni llorar es bueno. Mantengamos la compostura, recemos por que Lucas, Spielberg y Ford tarden bastante más que otros diecinueve años en hacer de las suyas, y refugiémonos en la trilogía del auténtico Indiana Jones, un hito cinematográfico tan grande que jamás podrá ser deshonrado, ni siquiera por sus propios creadores. Eso sí, Lucas y Ford tienen ya dos velas negras (cada uno), y a Spielberg lo he puesto en libertad vigilada por los servicios prestados, pero que no se confíe.

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19.5.08

[Cine] Aterriza Como Puedas

Últimamente estoy atravesando una de esas rachas en las que la necesidad de reír crece al mismo ritmo que desaparecen los motivos que pueden justificarla. Como sé que no soy el único, vamos a intentar reírnos un poco todos juntos.

En 1980, un trío de descerebrados compuesto por Jim Abrahams y los hermanos Jerry y David Zucker escribía y dirigía “Aterriza Como Puedas”, una película que se basaba en la acumulación de situaciones cómicas disparatadas e independientes entre sí. De este modo, la factoría ZAZ “aterrizaba” con fuerza en el mundo de la comedia, sentando las bases de una provechosa franquicia e inventando una nueva forma de hacer comedia, que después ha sido imitada hasta la saciedad.

“Aterriza Como Puedas” es un cúmulo de parodias cuyo blanco principal es la saga de catástrofes “Aeropuerto”, aunque la historia principal y el nombre de algunos de los personajes se toman de “Suspense… Hora Cero”, una película de 1957. Durante un viaje a Chicago, los pasajeros de un avión de TransAmerican Airlines que han cenado pescado comienzan a caer enfermos uno tras otro. Esto incluye a los pilotos, lo que obliga a la tripulación a buscar entre el pasaje a alguien capaz de pilotar y aterrizar el avión en Chicago. Su única opción es Ted Striker, un expiloto militar que lleva años sufriendo de neurosis de guerra, a raíz de una misión que terminó con la muerte de toda su escuadrilla.

La película está protagonizada por Robert Hays en el papel de Ted Striker. Julie Hagerty es Elaine, la azafata que sale con Striker; Peter Graves y Kareem Abdul-Jabbar son el piloto y copiloto de la nave; y Leslie Nielsen es el doctor Rumack, un médico que viaja en el avión. En tierra tenemos a Robert Stack y Lloyd Bridges, que interpretan al comandante Rex Kramer y al jefe de control Steve McCroskey. Firma el guión y dirige el trío ZAZ, en su primera incursión en el mundo del cine. Debido a su bisoñez, el estudio les asignó una coordinadora de guiones que resultó ser una persona absolutamente antipática. Como venganza, los hermanos Zucker aprovecharon la visita de un amigo de Jim Abrahams para tomarle el pelo a esta mujer. Cuando les preguntó quién era ese señor, le dijeron que se trataba del presidente de la Paramount, y que era amigo de toda la vida de la familia Abrahams. Mano de santo. Desde ese momento, todo fueron suavidad y buenas maneras.

¿Qué podemos decir de “Aterriza Como Puedas”? No tiene un gran guión, ya que se basa en la continua sucesión de chorradas, al estilo de un programa televisivo. De hecho, una de las ventajas de la fórmula empleada por los ZAZ es que, si consigue enganchar al espectador desde el principio con unos cuantos buenos golpes, a partir de ese momento se ríe de todo, hasta de los peores chistes. Tampoco podemos destacar el brillante trabajo de sus actores, ya que los personajes son prácticamente de dibujos animados y no se les exige mucho. La dirección no rivaliza precisamente con los trabajos de Billy Wilder o Alfred Hitchcock. Pero todo el mundo se ríe, y mucho. Y al final eso es lo que cuenta, no nos engañemos.



Quedan para el recuerdo escenas míticas como la aparición de Kareem Abdul-Jabbar, en el papel de copiloto del avión, y su discusión con el niño que visita la cabina y se empeña en obligarle a confesar su verdadera identidad; los religiosos del aeropuerto, que acosan a todo el que entra por la puerta hasta que llega el comandante Rex Kramer y le da una soberana paliza a siete u ocho de ellos; el jefe de control del aeropuerto, que ha escogido el mismo día para dejar de fumar, de beber, de tomar tranquilizantes y de esnifar pegamento; el doctor Rumack, un Leslie Nielsen años antes de “Agárralo Como Puedas”, que tiene algunas de las mejores frases de la película:

- Dígale al comandante que hemos de aterrizar lo antes posible. Hay que llevar a esa mujer a un hospital.
- ¿A un hospital? ¿Qué es, doctor?
- Un gran edificio lleno de enfermos, y a veces no hay camas.

- Comandante, ¿cuándo podremos aterrizar?
- No puedo decirlo.
- A mi sí. Soy médico.
- No puedo decirlo con seguridad.
- ¿No puede calcularlo?
- Pues... hasta dentro de dos horas.
- ¿No puede calcularlo hasta dentro de dos horas?


Rex Kramer es único a la hora de gestionar una crisis:

- No nos engañemos, Kramer. Sabe que nunca he llevado un pájaro de estos, y necesitaré mucha suerte para hacerlo.
- De acuerdo, Striker. (Nuestra única esperanza es darle ánimos. Tengo que devolverle su confianza.) Striker, ¿ha volado alguna vez en cuatrimotor?
- No, nunca.
- ¡Maldita sea! ¡Es perder el tiempo! ¡Jamás conseguirá aterrizar ese avión!
- Domínate, Kramer. Sigue insistiendo.
- ¡Que lo estrelle en el lago Michigan! ¡Así evitará una catástrofe en la ciudad!


Los demás también aportan lo suyo, como la anciana que se sienta al lado de Striker e intenta tranquilizarlo antes de despegar:

- ¿Nervioso?
- Sí.
- ¿Es la primera vez?
- No, he estado nervioso muchas veces.


O la esposa recelosa que ve cómo su marido deja a un lado sus costumbres:

- ¿Desean otra taza de café?
- Yo sí, mi marido no quiere.
- Sí, sí, tomaré otra taza de café.
- ¡Qué raro! Jim nunca toma una segunda taza de café en casa...

- Oh, no debí tomar esa segunda taza de café.
- ¡Qué raro! Jim jamás vomita en casa...


También podemos comprobar el celo profesional de Striker, en una escena que parodia el beso de Burt Lancaster y Deborah Kerr en “De Aquí a la Eternidad”:

- Hemos recibido órdenes. Mi escuadrilla sale mañana temprano a las seis. Vamos a Daikiri a bombardear un depósito de suministros. Volaremos bajo para burlar el radar.
- ¿Cuándo volverás?
- Es un secreto. No puedo decírtelo.




Y no, no me olvido del copiloto:

- Vuelo 209 a Denver control. Nos elevamos a 12.000 metros. Informaré sobrevolando Lincoln. Cambio y corto.
- ¡Un momento, yo te conozco! ¡Tú eres Kareem Abdul-Jabbar! ¡Juegas al baloncesto con los Lakers de Los Angeles!
- Lo siento, hijo, seguramente me confundes con otro. Me llamo Ben Murdock, y soy el copiloto.
- Tú eres Kareem. Te he visto jugar. Mi padre me lleva siempre al estadio.
- Deberías volver a tu asiento, Joey. ¿Verdad, Clarence?
- No, aquí no molesta a nadie. Déjale que se quede.
- Está bien, pero quiero recordarte que me llamo Ben Murdock, y soy piloto de líneas aéreas.
- Yo creo que eres muy bueno, pero mi padre dice que no bajas a defender. Que no corres, y que casi nunca te esfuerzas. Que no sudas la camiseta. Que sólo juegas bien en partidos internacionales.
- ¡Eso son tonterías! Oye, niño, estoy harto de oír eso desde que estaba en la universidad. Yo me dejo la piel en cada partido. Dile a tu padre que a ver si Walton y Lanier corren arriba y abajo los cuarenta minutos.
- Joey, ¿te gustan las películas de gladiadores?


Pero el mejor golpe de la película, aclamado prácticamente por unanimidad, es el piloto automático, ese muñeco que se infla y toma los mandos de la nave cuando el capitán cae enfermo. Lamento anunciar que, tras pasar varios años en el garaje de la casa de Jerry Zucker, el globo ha pasado a mejor vida. Una pena.



“Aterriza Como Puedas” fue uno de los mayores éxitos comerciales de los 80, con una recaudación de casi noventa millones de dólares sólo en Estados Unidos, a partir de un irrisorio presupuesto de unos tres millones y medio, suficiente para 34 días de rodaje que debieron ser de lo más divertido. Hoy en día, casi treinta años después y tras haber sido repetida hasta la decoloración en la tele, sigue conservando su atractivo y su capacidad de divertir al público. Tanto es así que el American Film Institute la sitúa en el décimo puesto de su lista de mejores comedias de la historia del cine (estadounidense, por supuesto), publicada en el año 2000. Lo dicho: tal vez no destaque por unas interpretaciones brillantes, ni por una fotografía preciosista, pero el caso es que no podemos dejar de reírnos cada vez que la vemos, y de eso precisamente se trata, ¿no?

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12.5.08

[Cine] Iron Man

Esta semana, un nuevo personaje se incorpora a nuestra galería de superhéroes cinematográficos, después de que nos hayan visitado Batman, Los 4 Fantásticos ([1] y [2]), Superman y Spider-Man.

Tony Stark es un multimillonario estadounidense, propietario de una de las mayores compañías fabricantes de armamento. Durante la Guerra del Vietnam, es capturado por un general vietnamita que le obliga a desarrollar un arsenal para su ejército. En lugar de eso, Stark fabrica una armadura que le permite enfrentarse con sus captores y escapar. De vuelta en los Estados Unidos, Stark perfecciona su armadura, adaptándola para responder a sus impulsos nerviosos de forma que le permita volar y lanzar rayos de energía, al tiempo que le confiere una fuerza sobrehumana.



Con esta premisa nació Iron Man en marzo de 1963, en el seno de la familia Marvel. Recién cumplidos cuarenta y cinco años, nos llega ahora la adaptación cinematográfica del personaje. En esta ocasión, Tony Stark es un niño prodigio que ha heredado y catapultado la empresa de su padre, capaz de trabajar durante veinte horas seguidas, o de dedicarlas a las mayores juergas imaginables. El Vietnam del cómic es sustituido por el actual Afganistán, pero el resto de la historia es más o menos la misma.

El reparto está encabezado por Robert Downey Jr. en el papel de Tony Stark / Iron Man, acompañado por Gwyneth Paltrow como su ayudante personal, Terrence Howard como el coronel Rhodes, amigo del alma del protagonista, y un rapado Jeff Bridges en el papel de Obadiah Stane, el malo de turno. También hay sitio para el habitual cameo de Stan Lee, el hombre Marvel. Dirige Jon Favreau, que tiene un papelito como chófer de Tony Stark.

“Iron Man” adolece de muchos de los defectos que sufren, en mayor o menor medida, las primeras entregas de una saga. Se invierte mucho tiempo en la presentación de los personajes, y sobre todo en el origen del superhéroe en cuestión. Reconozcamos que se trata de algo imprescindible, y eso es algo de lo que nadie tiene la culpa, pero sí que se puede reprochar a los guionistas el no haber sabido hacerlo más llevadero. El clásico esquema del genio vividor que sufre una crisis de conciencia y decide reenfocar su vida y defender la ley y la justicia necesita algún aliciente para sacar la película adelante.



Tampoco ayuda mucho el hecho de que la historia, la verdad sea dicha, tenga bastante poca acción. A excepción de la fuga de Stark, alguno de sus primeros vuelos y el descafeinado enfrentamiento final con el malo maloso (que en total no irán mucho más allá de diez o doce minutos), la película se centra en la más que tópica conversión del protagonista, los tejemanejes de un villano que aparece y desaparece sin ninguna continuidad, y los posados de Gwyneth Paltrow, que se dedica a hacer caja junto a Jeff Bridges.

El único fuerte de “Iron Man” está en sus efectos especiales, muy cuidados aunque escasamente novedosos. Se habla ya de una segunda parte para 2010 ó 2011, que presumiblemente tendrá más acción que esta primera entrega. De momento, se nos ofrecen pistas como las escenas que aparecen después de los créditos (podéis quedaros en la sala para verlas o recurrir a San Youtube), y que sugieren la posibilidad de una película sobre los Vengadores. No sé vosotros, pero yo ya estoy empezando a saturarme con el arroz este de los superhéroes, y aún están por venir tazas como para llenar un aparador.

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5.5.08

[Cine] Dueños de la Calle

Cuando aún está reciente la resaca del empacho de Gelocatil provocado por “La Noche Es Nuestra”, demostramos que no hemos escarmentado y volvemos al cine policíaco, con “Dueños de la Calle”. Sí, últimamente parece que la poli está de un posesivo que no hay quien lo aguante.

Tom Ludlow, agente de la Unidad Antivicio de la Policía de Los Angeles, es una especie de Harry Callahan del siglo XXI. Al ser el más temerario de su unidad, siempre le toca encabezar el ataque, llegando en ocasiones, como él mismo dice, “donde la ley no puede”. Esto le ha metido en unos cuantos líos, pero hasta ahora el capitán Warden, jefe de Antivicio, ha podido sacarle de todos ellos, además de impulsar su propia carrera gracias a los méritos de Tom. De hecho, su nombre suena con fuerza en las quinielas de aspirantes a comisario.

Pero no es oro todo lo que reluce. Al parecer, un antiguo compañero de Ludlow está pasando información al capitán Biggs, de Asuntos Internos, motivo por el que la Unidad de Antivicio en general y Tom en particular están en la cuerda floja. A partir de ese momento se desencadena una ola de asesinatos y sospechas, con Tom en el ojo del huracán, intentando averiguar cuál es el bando de los buenos, suponiendo que tal cosa exista.

El reparto está encabezado por Keanu Reeves como Tom Ludlow. Los miembros de su unidad son Forest Whitaker (en el papel del capitán Jack Wander), Jay Mohr, Amaury Nolasco (el Sucre de “Prison Break”, condenado a interpretar papeles de hispano el resto de su vida) y un irreconocible John Corbett (el Chris de “Doctor en Alaska”). Hugh Laurie, el Dr. House, es el encargado de dar vida al capitán James Biggs, y Chris Evans, la antorcha humana de “Los 4 Fantásticos”, es Paul Diskant, un detective de Homicidios. Por su parte, unos cuantos raperos contribuyen a mejorar su imagen pública interpretando a gran cantidad de los delincuentes de la película. Dirige David Ayer, un guionista (“U-571”, “Training Day”, “A Todo Gas”) metido a director, con guión de James Ellroy (autor de “L.A. Confidential”), entre otros.

Salvando las abismales distancias, el estilo de “Dueños de la Calle” recuerda ligeramente al de “L.A. Confidential” en versión barata, con un departamento de policía mitad honrado y mitad corrupto, donde tanto los buenos como los malos son agentes de la ley, y donde todos ellos tienen trapos sucios que ocultar. Por este motivo, aunque no deja de ser bastante previsible, conserva ciertas dosis de intriga, lo que deja como resultado una trama algo más elaborada y entretenida que la de “La Noche Es Nuestra”.



El trabajo de los actores es justito, pero la película se aprovecha del gancho de algunos de los nombres que figuran en el cartel, como Forest Whitaker (en un papel bastante descafeinado) o Hugh Laurie (que pasaba por allí y decidió cobrar el cheque). En lo que respecta a Keanu Reeves, hace tiempo que ha dejado de ser un chaval (43 primaveras lo contemplan), y eso le permite encajar en papeles como el de poli veterano.

En resumen, “Dueños de la Calle” es una película normalita, que por lo menos nos permite pasar el rato siempre que no seamos muy exigentes. Y en una cartelera infestada de mediocridad eso es mucho.

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28.4.08

[Cine] 88 Minutos

El año pasado me tropecé con el trailer de una película protagonizada por Al Pacino, la primera de su carrera rodada directamente para el mercado videográfico. Hace unos meses tuve ocasión de verla en versión original, y ahora se estrena en los cines, así que me veo obligado a hablar de ella para preveniros.

Jack Gramm es un especialista en psiquiatría legal y forense, que a raíz del brutal asesinato de su hermana ha dedicado su carrera a colaborar con la policía en la detención y condena de varios criminales, actividad que compagina con sus clases en la universidad. Su última captura es Jon Forster, un asesino que ha sido sentenciado a muerte gracias al testimonio de la hermana de la víctima, asesorada por Gramm. Desde su celda, Forster intenta anular su sentencia capital, para lo que ha montado una campaña de desprestigio contra Gramm.

En esas estamos cuando una mañana cualquiera Gramm se dirige a la facultad para impartir sus clases, y recibe una llamada telefónica en la que se le comunica que le quedan 88 minutos de vida. Aunque al principio le parece una broma pesada, los acontecimientos empiezan a precipitarse de tal forma que Gramm se tiene que tomar la amenaza en serio. Además, el desconocido se empeña en llamarle cada pocos minutos para recordarle el tiempo que le queda de vida.

El reparto está encabezado por un Al Pacino muy despeinado, en el papel de Jack Gramm, acompañado por Amy Brenneman y Alicia Witt como sus ayudantes. Entre sus estudiantes podemos ver a Leelee Sobieski, la decana está interpretada por Deborah Kara Unger (la rubia misteriosa de “The Game”), William Forsythe es el policía de turno y Neal McDonough da vida a Jon Forster. Dirige Jon Avnet, el mismo de “Tomates Verdes Fritos”.

“88 Minutos” es la típica intriga rocambolesca creada de forma totalmente artificiosa, donde la sospecha se explota elevando la paranoia al máximo. El guión intenta que el espectador sospeche de todo y de todos. Al final, cualquiera de los estudiantes de Gramm puede estar detrás del misterio, al igual que sus ayudantes, la decana y el delantero centro del Real Madrid. Por si no fuera suficiente con marearnos acerca de la posible implicación de Forster, la película proyecta la sombra de la duda sobre el propio protagonista, insinuando que podría ser menos inocente de lo que a priori parece. Durante su clase, el propio Gramm se ha encargado de alimentar esa duda, afirmando que en ocasiones la justicia y la verdad divergen, y defendiendo implícitamente el uso de pruebas y testimonios amañados cuando se tiene total seguridad de la culpabilidad del acusado. Al final, la sospecha más acuciante es si nos encontramos ante la peor película de toda la carrera de Al Pacino.



Como cabía esperar, “88 Minutos” se aprovecha, como tantas otras películas, del nombre de su protagonista, sin el cual no habría dado el salto a la pantalla grande, abandonando el mercado videográfico del que nunca debió salir. Poco podemos esperar de una película que pretende aprovecharse del tirón de la serie “24” y pasar por una historia de acción en tiempo real, máxime cuando la velocidad del reloj es tan variable: en algunas escenas pasan treinta minutos volando, y en otras el tiempo se dilata de forma que veinte minutos de metraje se traducen en cinco minutos menos para la supuesta muerte de Gramm.

En resumen, estamos ante un nuevo producto de laboratorio barato, adornado con la presencia de una de las leyendas vivas de Hollywood, un Al Pacino que, la verdad sea dicha, ya está muy mayor para andar corriendo detrás (o delante) de un asesino.

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21.4.08

[Cine] El Jinete Pálido

Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente que decía: “¡Ven!”. Miré, y vi un caballo bayo. El que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades lo seguía. Y les fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad y con las fieras de la tierra.

Apocalipsis 6: 7-8



Esta semana rescatamos a nuestro querido y admirado Clint Eastwood, que hace mucho tiempo que no se prodiga por estos lares, y no hay mejor manera de hacerlo que hablando de uno de sus westerns.

“El Jinete Pálido” nos cuenta la historia de una colonia de buscadores de oro que son hostigados por Coy Lahood, el propietario de la explotación minera local (y del pueblo, prácticamente), que pretende quedarse con sus tierras. Hasta ahora le ha ido bastante bien, ya que muchos colonos han hecho el petate y se han largado, quedando ya tan sólo un puñado de “irreductibles galos” que no podrán seguir resistiendo durante mucho tiempo.

Sin embargo, la situación cambia radicalmente con la llegada al pueblo de un misterioso predicador cuyos métodos, poco ortodoxos en un hombre de tan religiosa condición, incluyen disciplinas deportivas como el béisbol con bates de madera de nogal, el martillo, el tiro olímpico con revólver y el lanzamiento de cartuchos de dinamita en la modalidad de mecha corta y encendida. Unidos y liderados por este hombre, los colonos plantarán cara al mafioso Lahood.

El reparto está encabezado por Clint Eastwood en el papel del predicador, acompañado por Michael Moriarty como Hull Barret, uno de los colonos. Entre los personajes secundarios podemos ver a un joven Chris Penn, que interpreta al hijo de Lahood, y al gigantón Richard Kiel, el “Tiburón” de la saga de James Bond, que comparte una escena bastante divertida con Clint Eastwood. Sus 2’18 metros de estatura pudieron con el primer caballo que le asignaron, de modo que el equipo de producción tuvo que buscar un caballo más fuerte. Dirige, cómo no, Clint Eastwood.



Rodada en 1985, “El Jinete Pálido” nos regala escenas marca de la casa Malpaso, como la primera pelea del predicador con los matones de Lahood, o su duelo final con los pistoleros contratados para enfrentarse a él, aunque la mejor escena es probablemente su llegada al campamento, sincronizada con la lectura del Apocalipsis que hace Megan, futura hijastra de Hull Barret. Queda algo de espacio para el drama, con ese insólito rectángulo pseudoamoroso formado por Barret, al que le gusta Sarah, a la que le gusta el predicador, que también le gusta a su hija Megan. Curioso.

Hay quien ve en “El Jinete Pálido” una segunda parte inconfesa de “Infierno de Cobardes”, enmarcada en la segunda época de Eastwood, más profunda e intimista. En cierto modo, esta película se puede ver como una revisión de su antecesora, pero es lo bastante original como para tener su propia identidad, y desde luego creo que sus protagonistas, a pesar de las similitudes existentes entre ellos, son dos personas diferentes.



Testimonio de una época en la que el western ya era un género prácticamente abandonado, “El Jinete Pálido” sigue conservando toda su fuerza casi treinta años después de su estreno. Mucho me temo que el western desaparecerá con Clint Eastwood, un cineasta que ha sabido ser fiel a sus orígenes, y único baluarte de un género cuya muerte parece anunciada. Una muerte que ni siquiera el éxito de “Sin Perdón” ha conseguido evitar. Sólo la ha retrasado. Menos mal que nos queda la videoteca.

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14.4.08

[Cine] Uno, Dos, Tres

1961. Berlín Occidental. Han pasado dieciséis años desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, y Alemania aún se encuentra en plena reconstrucción. Sin embargo, la brecha más grande, la división del país en dos bloques aparentemente irreconciliables, no tiene solución. Muy pronto alcanzará su apogeo, con la inesperada construcción relámpago del Muro de Berlín durante el mes de agosto. Habrán de pasar casi treinta años para que el llamado “Muro de la Vergüenza” sea derribado por los propios ciudadanos alemanes, pero en ese momento nadie puede saberlo. Todos están muy preocupados por el aumento de las tensiones entre el bloque occidental y el oriental.

Billy Wilder es ya un asiduo de nuestra web, que siempre ha visitado en compañía de Jack Lemmon y/o Walter Matthau. Hoy demostraremos que el maestro también se las apañaba muy bien solo, y que no le tembló el pulso a la hora de satirizar sobre la guerra fría, tomando como escenario el conflicto entre las dos Alemanias.

“Uno, Dos, Tres” nos cuenta la historia de C.R. MacNamara, presidente de la delegación de Coca-Cola en el Berlín Oriental. Tras muchos años de duro esfuerzo, su trabajo está empezando a dar frutos, y se ha colocado hábilmente entre los aspirantes a ocupar la jefatura de la central europea de la empresa, en Londres. Como todo jefe que se precie, tiene un lío con su secretaria y descuida por completo a su familia, que soporta pacientemente la abnegación de “Mac” por su trabajo.

Pero un terremoto está a punto de echar por tierra las cuentas de la lechera de MacNamara. El señor Hazeltine, uno de los jefazos de la sede central de Atlanta, le envía a su hija Scarlett, una jovencita con gran debilidad por la juerga y una tendencia bastante acusada a prometerse con el primer hombre que se cruza en su camino. Un buen día, la joven desaparece, para presentarse horas después en el despacho de Mac. Por fortuna, esta vez no se ha prometido, para alivio momentáneo de MacNamara. Digo momentáneo porque lo que ha hecho es casarse con Otto, un joven del Berlín Oriental y comunista de pro. Lo peor de todo es que los suegros, que aún no son conscientes de su nueva condición, están en camino hacia Berlín para reunirse con su hija. Mac tiene unas pocas horas para arreglar la situación y evitar que sus ambiciosos planes se vengan abajo.

La película está protagonizada por un insuperable James Cagney en el papel de MacNamara. Horst Bucholz, el más joven de “Los Siete Magníficos”, interpreta a Otto, y Pamela Tiffin es Scarlett Hazeltine. Entre los secundarios brillan con luz propia Arlene Francis, que interpreta a la vengativa Phyllis MacNamara, y Hanns Lothar, en el papel del sufrido Schlemmer, secretario de Mac en la sede alemana de Coca-Cola. Otro personaje muy interesante es el del delegado soviético Peripetchikoff, al que da vida Leon Askin. Como siempre, Billy Wilder dirige un guión escrito por él mismo en colaboración con I.A.L. Diamond, basado en una obra de Ferenc Molnar. Por supuesto, la comicidad de la historia se basa en la contraposición de los dos bloques políticos:

- Ya veo que equivocamos el voto.
- En Rusia no hubiese pasado.
- ¿Es que no se equivocan?
- Es que no votan.


Y el bloque capitalista también se lleva lo suyo:

- Total, 41.020 marcos, o sea, 10.225 dólares.
- ¿No llevo siendo capitalista más que tres horas y ya le debo a usted 10.000 dólares?
- Por eso va bien nuestro sistema. Todo el mundo le debe algo a alguien.




Dejando aparte el magnífico guión de estos dos monstruos de la comedia, el punto fuerte de la película es el impecable trabajo de James Cagney, superando su rivalidad con Horst Bucholz, que se empeñaba en intentar robarle cada escena. En su autobiografía, Cagney confiesa que Bucholz es el único actor con el que había llegado a odiar trabajar. Todo lo contrario sucedió con la jovencísima Pamela Tiffin, a la ayudó continuamente durante el rodaje, ofreciéndole muchos consejos. Con todo, la experiencia de “Uno, Dos, Tres” le pareció tan negativa que se retiró del mundo del cine hasta 1981, año en el que participó en “Ragtime”, su última aparición en pantalla. La verdad es que nadie lo diría, a tenor de su excelente actuación en “Uno, Dos, Tres”. Esto demuestra que Cagney era un actor magnífico.

No todos los problemas de la película atañen a James Cagney. A la hora de ver “Uno, Dos, Tres”, lo primero que tiene que hacer el espectador es situarse en la época de su estreno. Hoy en día puede parecer una película inofensiva, pero en 1961 planteaba una base argumental tremendamente conflictiva. De hecho, el entorno era cada vez más hostil, y la construcción del Muro de Berlín, que dio comienzo la noche del 13 de agosto, sorprendió al equipo en pleno rodaje. A lo largo de la película, los protagonistas atraviesan varias veces la Puerta de Brandenburgo para pasar de una parte de Berlín a otra. Algunos planos tuvieron que ser filmados en unos decorados instalados en Munich para poder completar la película sin errores de continuidad.



Por supuesto, la convulsión que generó la construcción del Muro se reflejó en los resultados de taquilla. El hecho de que “Uno, Dos, Tres” ironizara sobre el telón de acero con Berlín como escenario provocó el rechazo del público alemán. Afortunadamente, hoy en día todo eso ha quedado atrás. El Muro ha caído, la guerra fría ha terminado y las dos Alemanias han vuelto a unirse, así que la espinosa cuestión del contexto ha quedado muy suavizada.

La polémica causada por el componente político de la película eclipsó su cometido como campaña publicitaria de Coca-Cola, aunque Joan Crawford, que por aquel entonces compaginaba su carrera como actriz con un sillón en la junta directiva de Pepsi, llamó a Billy Wilder para protestar, motivo por el que el director incluyó la escena final, en la que MacNamara compra cuatro botellas de refresco en una máquina dispensadora de Coca-Cola, y una de ellas resulta ser de Pepsi.

Como decía antes, el espectador que se sienta a ver “Uno, Dos, Tres” sólo tiene que hacer tres cosas: uno, recordar que han pasado más de cuarenta años desde su estreno; dos, situarse en aquel contexto para poder apreciar la valentía de esta película en aquella época y la convulsión que supuso; tres, prepararse para un buen rato de diversión.

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7.4.08

[Cine] La Noche Es Nuestra

Durante los años 80 y 90, una de las secciones más “guerreras” del Departamento de Policía de Nueva York fue la Street Crimes Unit (SCU), algo así como Brigada de Delitos Callejeros. Su grito de guerra era “We own the night”, “La noche es nuestra”, frase que había gozado de cierta popularidad durante la década de los 60 y que resurgió a principios de los 90, con la mediática primera Guerra del Golfo y la utilización de armas nocturnas, tan publicitada por la CNN. Con este lema, los agentes querían dejar claro que la noche era su terreno, y que los delincuentes ya no iban a disfrutar nunca más del amparo de la oscuridad. Coño, qué peliculero me ha quedado.



Varios años después de la disolución de la SCU, nos llega una película ambientada a finales de los 80, que toma como título el lema de la brigada. “La Noche Es Nuestra” nos cuenta la historia de Bobby Green, gerente de uno de los clubes nocturnos más rentables de la Nueva York de finales de los 80. El uso de su apellido materno le permite conservar en secreto su parentesco con Albert y Joseph Grusinsky, jefe y capitán de policía respectivamente, y a la sazón padre y hermano de Bobby.

Para intentar acabar con una banda de mafiosos rusos que está introduciendo grandes cantidades de droga en el país, Joseph pide ayuda a su hermano, ya que varios sospechosos frecuentan su local, pero Bobby se niega a colaborar, intentando mantener su cómoda y fructífera posición neutral. Cuando Joseph es objeto de un intento de asesinato y Bobby descubre que su padre es el siguiente en la lista, el tercero de los Grusinsky cierra filas en torno a su familia y decide trabajar con la policía.

El reparto está encabezado por Joaquin Phoenix, Mark Wahlberg y Robert Duvall como Bobby, Joseph y Albert Grusinsky. Les acompaña Eva Mendes, que interpreta a la novia de Bobby. Dirige James Gray, autor también del guión, que repite con el equipo de protagonistas de “La Otra Cara del Crimen”. En aquella ocasión, Phoenix y Wahlberg compartían cartel con Charlize Theron, James Caan y Faye Dunaway.



Y en aquella ocasión, el guión era igual de aburrido y de previsible: oveja negra de la familia que no sigue la tradición y se distancia de sus parientes policías; le piden ayuda y no la concede; sufre una crisis de conciencia cuando casi matan a su hermano; intenta enmendar su error, porque siente que aún no es tarde; esto afecta terriblemente a su relación con su novia, pero él cree que está haciendo lo correcto, porque además se está reconciliando con su familia; y a todo esto, los malos se han quedado con su cara y acechan detrás de cada esquina. Podría seguir con el desfile de tópicos, pero no quiero “reventaros” la película, suponiendo que tal cosa sea posible.

Si no fuera por los nombres que figuran en el cartel de esta película (y puede que también por la escena inicial en la que Joaquin Phoenix le mete mano a Eva Mendes, de altísimo valor dramático por su gran trascendencia para el desarrollo de la trama), su estreno habría pasado prácticamente desapercibido, que es justo lo que se merece. Ya lo he comentado varias veces, y no me cansaré de repetirlo: una de las peores cosas que le pueden suceder a una película es perder la capacidad de sorprender al espectador. Desde luego, no vamos a exigir que el guionista vaya varios minutos por delante del público, porque no siempre es posible ni necesario, pero lo que no puede ser es que nosotros vayamos por delante de él. A este paso tendremos que hacer huelga de espectadores. Mmmmm, qué idea...

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31.3.08

[Cine] Stardust

La semana pasada hablábamos de “Las Crónicas de Spiderwick”, y aprovechábamos para repasar la historia reciente del cine de fantasía. Concretamente, nos centrábamos en las adaptaciones cinematográficas de varias obras de la literatura fantástica. Hoy retomo el tema para hablar de una película que mencioné de pasada entonces, y que para mí ha supuesto una agradable sorpresa.

Una de las cosas que más echamos de menos los miembros de mi generación es el buen cine de fantasía, en especial “el cuento de hadas”. Aquellos de vosotros que seáis asiduos de esta web ya conoceréis mi costumbre de recordar de vez en cuando, no sin nostalgia, la década de los 80. Es la época de Jim Henson, con sus Teleñecos, sus Fraguel, “Cristal Oscuro” y “Dentro del Laberinto”. También aparecen “La Historia Interminable”, “La Princesa Prometida”, “Willow”, “El Señor de las Bestias” y “Lady Halcón” (sí, esa con una horrorosa banda sonora de Alan Parsons). Tal vez no sean grandes películas, pero en su día las recibimos con mucho cariño.

En los 90, coincidiendo con la revolución de los efectos especiales, el mundo del cine centra su atención en la ciencia-ficción. La fantasía en general, y el “cuento de hadas” en particular, caen en el olvido, y no es hasta finales de 2001 cuando el género resucita, gracias a la llegada de “El Señor de los Anillos” y “Harry Potter”, como vimos la semana pasada. Sin embargo, estas películas no se parecen a las de quince o veinte años atrás, entre otras cosas porque los espectadores de aquella época ya hemos crecido.

A finales de 2007 aparece “La Brújula Dorada”, una nueva aproximación al género, cuyo fracaso en taquilla ha sido tan estrepitoso que se han cancelado los planes para rodar la segunda y tercera entregas. Su última oportunidad está ahora en el mercado del DVD, donde de vez en cuando se han producido milagrosas resurrecciones, aunque dudo que este sea el caso. La verdad es que hacía tiempo que no veía una película tan vacía, y no vamos a hablar de ella más de lo que ella misma cuenta, que es más bien nada. Vamos a hablar de su competencia, “Stardust”, una película que se estrenó pocas semanas antes y de la que quise escribir en su momento, pero me fue del todo imposible. Hoy solucionamos esa cuestión.

Muro es el típico pueblo situado en la campiña inglesa de mediados del siglo XIX, o lo sería de no colindar con un muro, que lógicamente es lo que da nombre al pueblo, y que lo separa de un mundo mágico, Stormhold. Para evitar que ningún lugareño traspase el muro, éste es vigilado día y noche, pero un día el joven Dunstan Thorn consigue burlar al guardián y se adentra en el reino mágico vecino. Allí tiene una fugaz aventura amorosa pocas horas antes de regresar a casa, y nueve meses antes de recibir en su puerta la consecuencia tangible, su hijo Tristan.



Dieciocho años después, Tristan ha crecido con salud y se ha enamorado perdidamente de Victoria, una joven de Muro por cuya mano haría cualquier cosa. En este caso, “cualquier cosa” significa adentrarse en Stormhold y traer de vuelta una estrella fugaz que acaba de “aterrizar” allí. No está solo en su búsqueda, ya que el botín es también codiciado por los tres aspirantes al trono de Stormhold, cuyo padre moribundo ha sido el causante de la aparición de la estrella, a modo de prueba para decidir cuál de sus hijos heredará el reino. El tercer bando en discordia es el grupo de la bruja Lamia y sus dos hermanas, que anhelan conseguir el corazón de la estrella, en un intento por recuperar su juventud.

El reparto está encabezado por Charlie Cox y Claire Danes en los papeles de Tristan Thorn e Yvaine, la personificación de la estrella. Peter O’Toole es el rey, y entre sus hijos podemos ver a Jason Flemyng (Primus), Rupert Everett (Secundus) y Mark Strong (Septimus). Sienna Miller es Victoria, Michelle Pfeiffer es la bruja Lamia, y Robert de Niro interpreta al Capitán Shakespeare, un aventurero cazador de rayos. Dirige Matthew Vaughn, coautor de un guión basado en la novela homónima de Neil Gaiman.

“Stardust” es una estupenda película que combina acertadamente las tres tramas que hemos mencionado (el compromiso de Tristan, la sucesión del rey fallecido y la búsqueda de la bruja), con varias intersecciones entre ellas y su inevitable convergencia al final de la historia. Michelle Pfeiffer es probablemente lo mejor de la película, bordando su papel de malvada bruja, y Robert de Niro consigue sorprenderme con un breve pero jugoso (y divertido) papel, probablemente el primero decente desde “Una Terapia Peligrosa”.



Uno de los grandes aciertos de “Stardust”, aparte de tener una historia que contar (necesidad que, desgraciadamente, parece cada día menos obvia), es la adición de un punto macarra, que hace que la película nos guste tanto como lo hicieron las películas de nuestra infancia. El humor negro se hace patente sobre todo en la trama sucesoria, con los hijos del rey matándose unos a otros (y con el creciente grupo de fallecidos contemplando el desarrollo de la historia), y en la de las brujas, con el envejecimiento de Lamia, aunque no querría olvidarme del secreto del Capitán Shakespeare. Fantasía actualizada para un público actual, con veinte años más que entonces, y (para qué vamos a negarlo) bastante más mala leche.

Aunque ha pasado desapercibida ante nosotros en el momento de su estreno, probablemente debido a una competencia provista de una campaña de marketing mucho más potente, espero que el DVD permita que “Stardust” salga a flote y ocupe el lugar que le corresponde, ya que se trata de una historia muy parecida a las de antes, y que, en contra de la moda que impera (a algunos esto les va a encantar), se resume en una sola película.

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24.3.08

[Cine] Las Crónicas de Spiderwick

La primera década del siglo XXI está siendo, sin duda alguna, la más prolífica en adaptaciones cinematográficas de varias obras de la literatura fantástica: en 2001 se inició esta tendencia con “La Comunidad del Anillo” y “Harry Potter y la Piedra Filosofal”; en 2002, aparecieron “Las Dos Torres” y “Harry Potter y la Cámara Secreta”; en 2003, la saga de “El Señor de los Anillos” concluyó con “El Retorno del Rey”; en 2004 llegan “Harry Potter y el Prisionero de Azkaban” y la televisiva “La Leyenda de Terramar”; en 2005 coinciden “Harry Potter y el Cáliz de Fuego” y la primera entrega de una nueva saga, “Las Crónicas de Narnia”, titulada “El León, la Bruja y el Armario”.

En 2006 nos tomamos un año sabático, ya que la gran apuesta del género, “El Laberinto del Fauno”, era un guión original del propio director, Guillermo del Toro (me niego a contar “Eragon”, ya que es un puñetero plagio de “La Guerra de las Galaxias”). Sin embargo, no dejó de ser una pausa para coger fuerzas, ya que en 2007 llegaron “Harry Potter y la Orden del Fénix”, “Los Seis Signos de la Luz”, “La Brújula Dorada”, “Beowulf” y “Stardust”. Acabamos de empezar 2008, año en el que se estrenarán “Harry Potter y el Príncipe Mestizo” (sexta parte ya de la saga) y “Las Crónicas de Narnia – El Príncipe Caspian” (segunda entrega).

La cosa suma y sigue, ya que los señores de la Warner acaban de marcarse una jugada a lo “Kill Bill”, y acaban de anunciar que la adaptación “Harry Potter y las Reliquias de la Muerte”, séptima y (por fin) última parte de la saga, cuyo estreno estaba previsto para finales de 2010, se dividirá en dos películas, a estrenar en otoño de 2010 y primavera de 2011 respectivamente (aviso a los navegantes: el libro no da para tanto).



Mientras tanto, un nuevo jugador entra en la partida: “Las Crónicas de Spiderwick”, basada en los libros de Holly Black, ilustrados por Tony Diterlizzi. Esta serie se compone de cinco títulos: “El Libro Fantástico”, “El Anteojo Asombroso”, “El Mapa Perdido”, “El Árbol Metálico