[Cine] West Side Story
Aunque su repercusión en el cine actual es mínima, no se puede negar que el género musical nos ha dado películas excelentes: “Cantando Bajo la Lluvia”, “El Violinista en el Tejado” o “Cabaret” son buenos ejemplos de ello. En los últimos años, tenemos que remontarnos a principios de la década para encontrarnos con los éxitos más recientes, “Moulin Rouge” y “Chicago”, esta última ganadora del Oscar a la mejor película de 2002. Más cercanos en el tiempo quedan intentos fallidos como “El Fantasma de la Ópera” o “Sweeney Todd”.Uno de los títulos que brillan con luz propia es “West Side Story” (subtitulada en España con un discutible “Amor Sin Barreras”). Basado en “Romeo y Julieta”, este musical nos contaba la historia de dos bandas rivales del West Side neoyorquino: los Jets, de origen local, y los Tiburones, compuesta por emigrantes portorriqueños. En plena escalada de tensión entre ambos bandos, surgía un amor a primera vista entre Tony, un histórico miembro de los Jets, ya retirado de la vida callejera pero fiel a sus antiguos compañeros, y María, hermana del jefe de los Tiburones. Este flechazo suponía la chispa definitiva para el estallido de una guerra entre bandas.
El reparto está encabezado por Richard Beymer y una jovencísima Natalie Wood en los papeles de Tony y María, acompañados por Russ Tamblyn como Riff, jefe de los Jets, George Chakiris como Bernardo, jefe de los Tiburones, y Rita Moreno como Anita, novia de este último. Dirige Robert Wise con la colaboración de Jerome Robbins, uno de los autores del musical. El plan original era que Wise dirigiera las escenas dramáticas y Robbins los números musicales, pero el perfeccionismo de Robbins acabó disparando plazos y presupuesto, así como el índice de lesiones de los bailarines, motivo por el que fue despedido cuando se había completado aproximadamente un 60% del rodaje. La orquestación de la partitura, una de las más exigentes de la historia (la versión íntegra requiere un total de 30 músicos), corre a cargo de Leonard Bernstein, uno de los más grandes directores de orquesta del siglo XX, y la letra original de Stephen Sondheim fue suavizada para burlar la censura, mucho más severa en la pantalla que en los escenarios.
La historia del reparto es bastante rocambolesca. Los productores querían a Elvis Presley en el papel de Tony, y el Rey del Rock se interesó vivamente por la película, pero su manager lo disuadió de aceptar el papel, decisión que el cantante no tardaría en lamentar, a la vista del gran éxito cosechado. Russ Tamblyn hizo entonces varias pruebas para el personaje, pero Richard Beymer fue finalmente el elegido, momento en el que se pidió a Tamblyn que probara para el papel de Riff, que en el montaje londinense había sido interpretado por George Chakiris, el actor que da vida a Bernardo. Para el papel de María se descartó a Carol Lawrence, que había interpretado el personaje con gran éxito en los escenarios, decisión que generó una gran polémica hasta el día del estreno. Audrey Hepburn fue la primera candidata para sustituirla, pero al encontrarse embarazada tuvo que rechazar la oferta. Natalie Wood consiguió el papel prácticamente por casualidad, ya que fue incluida en las pruebas a petición de su entonces novio Warren Beatty, que se moría de ganas por conseguir el papel de Tony. Se debió coger un buen cabreo cuando él fue rechazado y su novia no.

La suerte de todos los seleccionados fue un arma de doble filo, ya que el perfeccionismo de Jerome Robbins comenzó con tres meses de continuos ensayos, seguidos de más ensayos en las localizaciones definitivas de un rodaje que duró otros seis meses, y de una postproducción que supuso otros siete meses más de montaje y mezcla de sonido. La escena inicial, rodada sobre el asfalto de la Calle 61 Oeste (más duro que la madera de cualquier escenario), lugar en el que poco después se iba a edificar el Lincoln Center, fue la que más “víctimas” se cobró. El ambiente tampoco era ideal, ya que se pidió a los actores de bandas rivales que se gastaran bromas pesadas mutuamente, a fin de generar y trasladar esa tensión a la película. Incluso se alteró el orden de los números musicales, colocando los más ligeros al principio y los más dramáticos al final, para mantener la tensión en constante ascenso.
Y en efecto, todo este sacrificio y sufrimiento se refleja en la pantalla, convirtiendo a “West Side Story” en uno de los musicales más exitosos y conocidos de la historia del cine. De entre sus muchos números debemos destacar el prólogo en las calles del West Side, donde se nos presenta a los Jets y a los Tiburones, mostrándose los primeros enfrentamientos entre ellos; el baile en el gimnasio, con la sucesión de varias piezas musicales, siendo probablemente el mambo la más pegadiza, con las espectaculares piruetas de Russ Tumblyn; el solo de Tony con “María”, una de las más bellas canciones de amor de la historia del cine; el “Tonight” que cantan juntos los dos amantes; el “Cool” que interpretan los Jets en un garaje tras la muerte de Riff, manifestando su ira pero intentando mantener la calma; y el ya mítico “América”, en el que los inadaptados Tiburones y sus ya integradas novias discuten sobre las ventajas e inconvenientes de su país de acogida. De este último número, en el que se enfatiza la discriminación de los inmigrantes portorriqueños (y en menor medida su desigual grado de integración, con las mujeres renegando de su país de origen y los hombres echando pestes de los Estados Unidos), es probable que nos hubiéramos visto privados si hubiese prevalecido el planteamiento inicial de la historia, con un joven judío enamorado de una católica irlandesa (en algunas versiones de este borrador inicial se intercambian ambas confesiones), y que en aquellos momentos recibía el título de “East Side Story”. El boom de la inmigración portorriqueña durante los años 50 inspiró los cambios que dieron forma a la historia definitiva.

El resultado de toda esta brillantez tuvo su extensión en forma de diez premios Oscar: película, dirección (primera ocasión en que este galardón era compartido, y única hasta la edición de este año, con el triunfo de los hermanos Coen), actores de reparto (George Chakiris y Rita Moreno), montaje, fotografía, dirección artística, vestuario, sonido y, cómo no, banda sonora (la más vendida de la historia en su momento). El único que se marchó de la gala con las manos vacías fue el guionista Ernest Lehman, que se debió agarrar un buen mosqueo a cuenta de ello. En 2001 recibió un Oscar honorario por su “diverso y perdurable trabajo”: “Sabrina”, “Con la Muerte en los Talones”, “West Side Story”, “¿Quién Teme a Virginia Woolf?” y “Hello, Dolly!”, entre otros.
Hoy en día, “West Side Story” es considerado como el segundo mejor musical de la historia del cine (sólo superado por “Cantando Bajo la Lluvia”) por el American Film Institute, y ocupa el puesto 51º en la lista de mejores películas publicada el pasado año 2007 (diez puestos por debajo del 41º que obtuvo en la primera edición de la lista, publicada diez años antes). Estas listas han sido duramente criticadas por tener en cuenta sólo las películas estadounidenses, pero por algo el AFI lleva el “American” en su nombre, supongo. En cualquier caso, no deja de ser un honor para “West Side Story”. Un honor y un mérito.
© Zineman
Etiquetas: Cine



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