30.9.08

[BPR] Con los Ceros a la Izquierda se Construye un Astro

Génesis

Es un paseo absurdo lo que recorre
un astro de camino a casa.

Como lo siente igual la vieja
que se sintió vieja siempre.

A lo mejor es que lo que tu desistes
hace lo imposible por una victoria.

Que este "no poema" huele a vivo
desde que dejaste tu órbita
en la corriente de unos ojos dormidos.


Autoayuda

Cae de un árbol pensando
en lo maduro de un nombre.

¿Hasta dónde una pregunta cualquiera
ramifica el sexo salvaje
que alguna vez obtendremos de la pereza?.

Caen no pocas literaturas de autoayuda
de los árboles perennes.

De niño las corbatas en los cuellos
sembraban estos combativos ceros a la izquierda.


Diploma homologado

Crítico coscorrón que remontó la corriente.

Desplome de unos pisos sin orden ni mando.

Las estrellas de las viñetas coloreadas
como si hubiera ciencia en la asimetría.

Lo comentado en el rellano de un porche
de contrato indefinido.

Como los diplomas homologados de la noche.


Broche de un desnudo

Concretas un cuerpo desnudo
con sus parches, lunares, medias lunas de humedad.

Concretas aguijones de lujuria
ante ti las putas del puerto o de la estación.

Los broches antecesores de lo oído
crucifican los instantes de la marcha.

Escalofríos de desnudos son lo mismo
que rememoranzas sangrantes de algún odio.


Mentira

Donde dejó los pelos un huesudo
quedo absurdo y violento ruido.

Claros y nubes desde la bicicleta
se vislumbran. Tembleque de manos.

El pelirrojo de la esquina
algún ladrillo destartalado.

Como la crecida de un río manso
discurre tu recuerdo entre
toda esta mentira.


Bohemia

Son escalones de madera que cruge
de paredes torcidas y mustias.

Claros y oscuros ningún brillo
vírgenes de plata en los rellanos.
Deberes sin hacer al final de una tarde
compuestos y sin novios las
altas azoteas de pisos vacíos.


Escalada

Un pellizco para asegurarse
que está despierto.

Un asunto menor que recorre
los pasillos en penumbra.

Un barranco sin caída
ante las últimas horas
del atardecer.


Hombre del tiempo
A Jesús Ángel Adamez

Los malos vientos de este noviembre
entre isobaras y alertas.

El hombre del tiempo
que se atreve con todo.

La luz del verano que hoy vives
en estos penosos días de invierno.


Estantes vacíos
A Álvaro Puertas

Como los vuelos nocturnos
que dejan brillos y estelas.

Hay libros que pende de hilos
y ojos templados
que duran para siempre.

Como los vuelos nocturnos
hubo una vez el todo y nada
en estos estantes vacíos.


Lo que queda
A los raros de corazón

Palomitas y refrescos
una sala vacía con subtítulos
junto a las butacas
antes del "the end"
una pareja que se quiere.

Lo que queda del asunto.


A destiempo

Un lago en las montañas,
los bolos de la bolera,
las páginas de algún libro,
palabras en mostradores
transmitiendo lo que queda,
la guitarra del amigo,
decenas de cervezas en la oscuridad
de la noche,
las páginas del periódico,
una cena que siempre es la última,
los padres y las madres,
sentadas en Mendoza
protestando por los otros,
los finales que se confunden
con principios,
los reproches de los jefes,
camas desechas,
todo lo que a destiempo
dejamos en el camino.


Cenizas
A la foto de la playa

No hay seña
o unas huellas
ni tan siquiera un faro
que oriente
lo que en ti
la pérdida ha posado.

Hay ceniza sin embargo
sobre tu rabia
y los brillos de otro tiempo.

Hay ceniza que no vuelve
a ser como fuiste
ante otros ojos.

Hay cenizas, es verdad,
que gritan tu nombre
y no te encuentran.


Deudas

Un cero a la izquierda debe algo
lo mismo que el astro que contemplas
en un balcón imaginario.

Un cero a la izquierda debe algo
de la misma manera que tus palabras
dormidas.

Un cero a la izquierda debe algo
más grande que las últimas huellas
que dejaron de marcar nuestro camino.

© Fernando Llorente

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29.5.08

[BPR] Las Vísceras de los Polígonos Industriales

Denver (I)
La puesta de largo del estío
es la nueva diplomacia
en fascículos.
Y Denver pidiendo la hora.....



Denver y June (I)
Denver solía mirar el paso de los aviones. Mientras, a su lado, June escribía pequeñas notas en su diario. A veces las nubes hacían acto de presencia y June miraba al cielo sin ver los colores. Quizás la tarde no se puede relatar de otra manera, solían pensar, pero no quedaba nada salvo vísceras de las afueras. Denver y June vivían en muchos diarios trasplantados, con mañanas de unos, relatos de excursiones de otros, en definitiva, vivían en muchas vidas diarias ajenas a ellos. Denver también solía mirar el pasado, pero los aviones le hacían perder su pista. Fueron felices pese a la distancia, aquella que marca las estelas de tantos aeroplanos tan magníficos.

Denver (II)

Denver solía sentarse junto a las vías en las afueras. Era entonces cuando en esa soledad de extrarradio, dibujaba planes de futuro. Esperaba con frecuencia el paso del Talgo que se dirigía al lugar en ninguna parte de James Taylor, pero sin cumpleaños , ni tarta , ni velas. Denver era un pequeño animal de costumbres. Dibujaba con el rabillo del ojo surcos de pereza y los regalaba a las ausencias. Según el cielo se iba oscureciendo, imaginaba cómo serían sus sueños de haber nacido en otra ciudad, cómo sus límites de haber aceptado el cambio de guardia a tiempo. Solía llevar consigo una baraja sin marcar. Jugaba a solas con los silbidos lejanos y sus apuestas dejaban boquiabierto a un suspiro que de vez en cuando se atrevía con los raíles. Cuando se encontraba solo ante las vías del tren, pensaba en June. Pensaba en lo tonta que había sido al aceptar aquel
trabajo. Demasiadas cosas en la cabeza albergaba Denver cuando el tren daba las gracias a su paso. Gracias por irse de esas tierras, por pasar de largo. Gracias por dejar bien claro que sólo los poemas más hermosos son dignos de sus ventanas iluminadas.



June (I)

June dejaba colgados al sol los sueños del mañana mientras bebía botellines de cerveza.
Era muy joven por aquél entonces.
Sólo camisetas de estrellas del rock pueblan sus tendales en estos días tan inciertos. La cerveza es la misma. Los sueños ..... no.

June (II)

Cuando te vayas sabré que no volverás.
Deja abiertas las ventanas del cuarto y las cortinas recogidas. Te pido por favor que escribas de vez en cuanto, que no hagas como esos del norte que las fábulas retratan. Intenta descansar en el camino, no lo hagas todo de un tirón que no es bueno para tu marchita despedida. Posiblemente encuentres peregrinos con los que poder compartir algunas fotos y muchas ampollas de mis vísceras. Llévate la generosidad contigo. Piensa de vez en cuando en nosotros que nos quedamos adorando trenes que se marchan a ninguna parte. Deja caer en tus pucheros algo de aquí, alguna migaja de las razones de tu marcha. Decide por favor, la mejor manera de manchar con tinta la vida. No borres las huellas que dejes tras de ti, ni imagines el extrarradio como no es.
Cuando te vayas escribe todos los versos que una vez escupiste en la basura. Cuando te vayas rasura la cabellera de la luna y parte en soledad, aunque te ruegue con mi habitual insistencia un hueco en tu carreta. Cuando te vayas no habrá farolas capaces de iluminar el desierto que abandonas.



las vísceras de la memoria (I)

Tenemos la obligación de hacer las paces ahora que estamos a tiempo. De entregar los amuletos de la suerte. Tenemos la decencia de dejar la tinta en los tinteros, de mover la ficha en su momento, de gritar mentiras a los vientos. Tenemos la misión, ahora más que nunca, de cantar la hora del cierre, de recuperar cada memoria que nos queda, de no dejar morir los sueños. Tenemos, querido Denver, entre las manos las preguntas, en las postrimerías del alba las respuestas, y un largo camino por delante.

Las vísceras de la memoria (II)

...un perrito relamiendo las rodillas de su amo....pequeño apéndice insersible que a veces....drena los recuerdos....



Denver y June (II)

June solía mirar los posos del café. Rara vez se planteaba más que unas pocas dudas del pasado. Sabía que los trenes sólo pasan una vez por la misma estación, que cuando se alejan es para siempre. Ella no podía concebir la lejanía en cualquiera de sus variantes sin hacer una predicción certera del asunto. Con soberbia romántica miraba a Denver hacer la cena sin percatarse de todo lo que se había perdido. June era de otra época. Reñía a los alimentos, enseñaba lecciones de moral a los andenes y se masturbaba pensando en el paso del tiempo. Cuando se conocieron, June y Denver dejaron a un lado su colección de billetes de tren sellados. Cuando se conocieron, dejaron de darle importancia a los tendales vacíos, pintaron mensajes en los muros del polígono donde vivían. Cuando se conocieron June aún tenía su sonrisa de pereza. Cuando se conocieron juraron ver pasar el tren, junto a las vías. No sabían que los juramentos como todo en la vida, caducan y se vuelven indigestos.

Denver (III)

Siempre que un "goodbye" asoma por las ventanillas de los autobuses de línea, Denver se refugia en los versos que una vez escuchó en un pequeño pueblo interior. Hasta mucho tiempo después no supo ver que los versos son la realidad alternativa de los soñadores de despedidas y adioses.





Las visceras de la memoria (III)

Dudas ahora que estás en la biblioteca. Te acuerdas que tienes que hacer la compra antes de que ella llegue. Despistado buscas la 'B' de Bob en las estanterías de literatura hispana. Notas el polvo y la nariz te comienza a picar. Quizás las aceitunas negras con hueso en la ensalada pueden alegrar un poco el día a June. Tratas de no olvidar que el chocolate no puede ser con leche y almendras. De repente, te encuentras con Benedetti. Algo sobre la memoria y el olvido parece contar el libro. Estás constantemente junto a tu carrito con las ruedas torcidas. Por un momento te convences de que tienes que comprar un tren de cercanías que no llegue nunca. Deben ser estos libros de poemas que tienes justo delante. Quieres algo que te haga ver la vida de otra manera, que te permita ver a June con los mismos ojos con los que las vías del tren contemplan los astros. Recuerdas que no tienes tarjeta de crédito, que tendrás que pagar con las pocas monedas que arrastran el peso de los días. La bibliotecaria te avisa del cierre próximo. Te entran las prisas y con urgencia descubres en lo más alto de los estantes 'la biografía de River Phoenix' o alguien parecido. Muestras tu tarjeta de socio mientras la sala va quedando desierta. La bolsa de patatas que sea con sabor a jamón y el tambor de jabón para la ropa que reúna el nombre de todos nosotros. Seguro que June descansa sus pies en tus piernas, mientras sigue vigilando las entrañas de la noche un 'fire and rain' moribundo.



Denver (IV)

Salió de aquel internado con la cabeza alta, el corazón arrollado por los trenes y la inmortalidad temblando de dudas. Era un verano cualquiera, y sus padres no pasaban de los treinta y cinco años.



Denver y June (III)

Denver miró a los ojos a June. Prometió transformar percheros por distancia, bolígrafos por olvido y vistas aéreas por cicatrices en corazones ajenos. Prometió todo eso sabiendo el caballo ganador en la línea de salida. Denver era un soñador vestido de príncipe. June era ciega ante las palabras. June creyó firmemente al chico de ojos azules que estaba mirándola a los ojos. Mientras, el cielo proyectaba todos los edificios iluminados de las afueras.

Horizonte ceniza (I)

Vendrán tiempos mejores June. Entonces verás que todo lo que te dije eran verdades de las que te impiden doblar la esquina por miedo a los ladrones. Sé que no es fácil creerme si miramos el "horizonte ceniza". Tenías sueños pesados como plomos que se hundieron entre tanta espera. Nos dijeron que nada era fácil, que los cajones donde descasaba nuestra herencia estaban al otro lado del mar. Ahora resulta que todo lo negro llena nuestro estadio. Te pido paciencia querida June. Paciencia para volver a las salas de cine, para deslumbrar con tu sonrisa lo poco que queda, para dejar las heridas lamidas fuera de juego. Vendrán tiempos mejores que estos, dispuestos a empezar de nuevo lejos de este polígono industrial donde nuestros corazones trabajan en turnos dobles. Miras la maleta y te tienta empezar de nuevo, dejar estas tierras, dar un portazo y dejar millas tras de ti. Sé que nada ha sido fácil, que la literatura de nuestra vida abortó en una clínica privada. Pero te aseguro que vendrán tiempos mejores, donde la lluvia ácida de sus mentiras roce a la perfección las sobras de estos platos. June, cree en mí, en estas calles desiertas, en estas farolas fundidas, en las promesas que nos dejamos olvidadas en los discos de Bob Dylan. Vendrán tiempos mejores y espero poder decirte entonces que todo fue un mal sueño, una plaga atemporal de las vidas de los otros que se interpuso en nuestro camino.



Denver (V)

Cuando su abuelo le preguntó sobre un mundo sin trenes, ni vías, ni distancia, Denver se derrumbó y vomitó toda la merienda. Eran sus catorce años los que imaginaron el futuro sin todo eso. Fueron sus catorce años los que se
despeñaron ese día y no supieron encontrar el camino de vuelta hacia la cima.



Denver y June (IV)

Tenían un coche con los pilotos rotos. Con él se acercaban a los lindes de otros tiempos. La nostalgia del mar les apartaba de arcenes que en otras vidas frecuentaron. Denver solía petrificarse viendo los concesionarios del polígono. Se imaginaba la vida sin el coche con los pilotos rotos. La pena era que los concesionarios cerraron muchos años atrás tras la crisis económica. Entonces se volvieron duros los créditos, las cenas y los sueños. No era buena idea invertir en papeleras ni en visionarias puestas de largo de la vida. Sólo se hicieron ricos en esos días aquellos que arriesgaron lo poco que les quedaba a los mandos de ese coche con los pilotos rotos. Denver se lamía las heridas frente a los concesionarios moribundos de las afueras.

June (III)

Fue una tarde de esas en donde cualquier pequeña brisa anuncia una carta en el buzón ó una cabina de teléfonos libre ó una calle vacía para pasear en soledad. June había quedado a las cinco en la boca del metro de las afueras. En el cielo no había una nube. Como siempre, llegó antes de tiempo y compró en una librería cercana un libro de moda. Hacía un calor impropio del final de un Otoño. Mientras esperaba, pensaba en los deberes de matemáticas y lengua que tenía que presentar al día siguiente. Una redacción sobre los "trenes de la noche" y raíces cuadradas infumables. Odiaba el instituto, las horas eternas de los recreos y las clases de gimnasia. Detestaba sudar bajo un sol abrasador como el de aquella tarde. Cuando se disponía a ojear el libro, lentamente acudía a la cita un chico desaliñado y desgarbado. Se miraron e intercambiaron pelos erizados y algún sueño. Emprendieron el largo paseo de los comienzos. El cielo empezaba a hacer de las suyas. Una pequeña brisa hizo que June se abrochara la chaqueta. Las cabinas de teléfonos se vaciaron mientras las calles solitarias enviaban sus cartas a buzones desconocidos. Esa misma tarde se besaron.



Denver (VI)

Está sentado, como siempre, a solas con la luna. El camión de la basura aún no ha pasado y el tenue deambular de los gatos augura recogida de bolsas destartaladas. Se oyen voces de vecinos y zumbidos de aires acondicionados. Se divisa a lo lejos un tráfico de coches que apenas sí ha nacido y ya se está muriendo. Denver se pregunta por la distancia, por las fotos de las revistas de coches usados. Le resulta extraña la pereza de un astro que siempre le contempla. La luna en la terraza recita versos en su exilio prolongado.

Denver (VII)

Dicen que nació con algo en las pupilas. Son esas leyendas familiares que se van transmitiendo de lustro en lustro. Ese algo hizo que sus padres se asustaran y empezaran a asumir en los albores de su juventud que su hijo no vería pasar los trenes tras las ventanas. ¿Cómo asumir una ceguera que estaba predestinada a retar a los astros?. ¿Cómo una ausencia de luz merece la atención de unos padres deshechos?. Los médicos, cuentan, dijeron que fue un milagro de esos que se ven una vez por cada un millón. Eso al menos relatan las leyendas familiares que se van transmitiendo como los desamores de la adolescencia se transmiten con el paso de los años. Denver no sólo conservó la vista, sino que aprendió a mirar con la entereza de la perplejidad de un niño que empieza a vivir de lejos. Se esperaba de esos ojos algo del cielo, un poquito de los parques desiertos y leves notas de una balada de los sesenta. Eran unos padres anclados en la primera fila de un concierto y era un niño llamado Denver envuelto en los sueños de los hombres.



Apollon (I)

Se conocieron en la escuela de enseñanza secundaria. Apollon era un chico de pocas palabras, de fuertes convicciones y raros gustos por las comidas orientales. A Denver le gustaban los trenes a su paso por el extrarradio y gemía en las noches estrelladas intentando llamar la atención de los años dormidos. Apollon jugaba ensimismado con unas canicas de cristal contra un muro descascarillado de tanto cambio de viento del norte. Denver observaba desde sus quince años recien cumplidos la destreza de sus trampas y la limpieza de su puntería certera. Algo espetó que fabricó un escalofrío en las entrañas de Apollon. Denver dependía de un milagro en ese encuentro, Apollon tendió un guiño del ojo izquierdo a su nuevo compañero, contando con sus dedos los años venideros sin demasiado entusiasmo.



Horizonte ceniza (II)

Las películas de amor tienen eso, dos amantes que se quieren y demasiados vagones de un tren de cercanías sin las ventanas iluminadas.

June (IV)

Se divertía en un banco sentada, tranquila mientras las gaviotas conquistaban por unos instantes los adoquines de la plaza. Si el sol brillaba con fuerza, fruncía los ojos y se remangaba con la timidez suficiente como para no llamar la atención. Siempre se preguntaba las mismas preguntas, los mismos enigmas, las mismas esperas sin respuestas. Daba vueltas a las razones de la marcha que emprendió muchos años atrás, cuando los polígonos industriales eran postales del futuro y los extrarradios meras metáforas polvorientas. Pero no buscaba respuestas, no se consideraba una expedicionaria de altos vuelos. Únicamente veía pasar las prisas del ejecutivo, el ritmo arrebatador de los jóvenes que no contemplan las fachadas ni la belleza de las calles y se divertía con la lejanía de todos esos acontecimientos. Sabía que esperar en un banco es como pinchar el globo de un niño cuando aquél ha perdido el aire mínimo para mantener su vuelo. Porque para June los globos volaban, y las nubes marcaban el estado anímico de ejecutivos y jóvenes. Mantenía el banco caliente, siempre dispuesta a dar por sentado que la última palabra de la tarde marchita los recuerdos y los hace libres.



Apollon y June (I)

Se conocieron, se quisieron, dieron por zanjada la cuestión clandestina de lo imposible. Se hicieron con los restos de un naufragio que no les pertenecía. Dejaron de crecer mirándose a los ojos.

Horizonte ceniza (III)

Un carrito de la compra en un mercado plagado de desconocidos.¿Acaso no consiste crecer en eso?.



Denver y June (V)

De la mano se les veía pasar por La Alameda en pleno mes de Octubre. Su recorrido comenzaba pasado el Arco de los Aventurados, a pocas manzanas del polígono. Se mostraban dichosos según se acercaban a los primeros plátanos del paseo. A veces se paraban unos minutos a entablar conversaciones triviales con amigos y conocidos. Todos ellos jugaban las cartas del desencuentro. Cordialmente se deseaban buen día y ellos seguían su paseo tendiendo al mundo sus vísceras machacadas. Entonces, por arte de magia, la Biblioteca aparecía a su derecha. Denver tentaba a la suerte y miraba al cielo en busca de alguna excusa válida para poder echar un vistazo a los autores rusos del XIX. A veces se las ingeniaba para seducir a June con promesas gastronómicas a cambio de unos minutos entre los estantes donde las novelas se agolpaban. Otras veces era ella la encargada de darle el empujón simulando un frío extremo y la amenaza de lluvia. Eran una pareja tendida en los raíles de la vida, en las postrimerías de la veintena. Ella disfrutaba de vuelta a casa escuchando historias de mujiks y príncipes rusos que perdían sus calesas como ellos perdieron sus sueños. El adoraba contar historias de esos tiempos, alababa a Tolstoi en pleno Octubre de cenizas. El y ella sabían de la distancia que separa la realidad de esas novelas. Sabían de sobra la pereza con la que los días pasan cuando apenas queda nada que perder.

June (V)

Ese día cogió las maletas, las rellenó de fotografías y ropa íntima y con cuidado cerró la puerta tras de sí. No miró lo que dejaba atrás, quiso evitar el reproche de las cucharas, de los cuadros, de las butacas conquistadas por el salitre de las afueras. Encaró las primeras manzanas del barrio y se juró que sería fiel a la huida. En la tienda marcó las cartas de la partida que estaba a punto de jugar. Vio pasar el tren fuera de las botellas de cerveza de esas tardes de verano. Se arrimó cuanto pudo a las vías y se quedó dormida un momento. Siguió su marcha en silencio, con paso firme, decidido, persiguiendo la estela que deja el ir quemando etapas. Una armónica anunciaba algo nuevo. Las montañas a lo lejos son la dignidad de cada huella. La rendición de su sonrisa presagia tan sólo un billete de ida.

Ese día cogió las maletas y todas las naves del polígono gritaron a los cuatro vientos su nombre.



Horizonte ceniza (IV)

La realidad solamente tiene cabida cuando es lo último que queda.

Prólogos Industriales(I)

Denver y June (1)

June (VI)

Dicen que murió sola. Pero se sabe que en los últimos momentos la habitación del hospital estaba repleta de gente. Las flores abundaban comprometiendo el pasillo de la cuarta planta a mostrar todos sus encantos. El murmullo, se cuenta, era constante y se recitaron algunos pasajes de una vida plagada de idas y venidas. Se cuenta que los ochenta y tres años se visten de gala cuando un resfriado mal curado domina las estaciones. Dicen que murió sola, quizá porque el silencio no fue el suficiente como para dejar zanjadas las breves viscerales cuentas pendientes.



Apollon (II)

Apollon era un nómada moderno. Solía habitar apartamentos con paredes vírgenes y moquetas en desuso. Los buscaba cerca de los parques, céntricos y habituados a los olores de los recuerdos que adornan los nombres del presente. Enseguida, con su equilibrio vital acorde a su culo inquieto, buscaba muebles en los mercados de segunda mano. Muebles que traían consigo conversaciones de otros tiempos, reflejos de caras que el paso de las estaciones se lleva con ese silencio tan característico, agujeritos de chinchetas que anclaban las vidas de los otros en sus paseos diarios por los pasillos.

Apollon era un nómada moderno, porque sabía distinguir los pasos que quedan marcados en las alfombras para siempre de aquellos que se esfuman en las mudanzas de los grandes extrarradios.

Apollon (III)

Se cortaba las uñas viendo el televisor encendido. Viajaba siempre que podía hacia la pérdida que dejan los dedos recién arreglados. Le costaba concentrarse en las imágenes, en las noticias internacionales y apenas podía tolerar la publicidad marginal de los canales de pago. Se cortaba las uñas en silencio, oyendo el zumbido de la nevera mientras su rostro juvenil en los cincuenta reflejaba los ecos de las calles vacías. Se cortaba las uñas viendo el televisor encendido.



Horizonte ceniza (V)

Si deslizas uno de tus dedos por la espalda de un desconocido, entonces verás que no hay columna vertebral capaz de ofrecerte un tacto que no te pertenece.

Aart y Ellen (I)

Se encontraban en el hospital como dos vagabundos perdidos. Los pasillos kilométricos plagados de enfermeras y médicos inexpresivos se intuían como un final del camino. Se miraban de reojo, sintiendo en sus cogotes la ira del punto de llegada. Porque efectivamente se encontraban a punto de rebasar la meta. Ellen marcaba con su mirada los relojes de las paredes como si fueran teléfonos. Aart intentaba buscar la recepción asumiendo el fracaso de su intento cuando por fin un médico les agarró de los hombros, con la certeza del que sabe que manda en su territorio, Ellen no pudo reprimir el llanto. Aart nunca tuvo una palabra amable para los desconocidos, pero en ese momento, le dio las gracias al doctor sin apenas mirarle a los ojos. Todo estaba correcto, su hijo viviría mirando a la vida con unos ojos que apenas dejarían destellos del pasado. Ellen y Aart entrelazaron sus gestos y
supieron que Denver haría todo lo posible por alcanzar la dicha entre las oscuras sombras que alguien dibujó en los muros de todos nosotros. Era una incubadora y la soledad de unos padres perdidos en los pasillos de un maldito ambulatorio de provincias.



Prólogos Industriales (II)

Denver y June (II)


Denver (VIII)

Todo sucedió esa mañana demasiado rápido. El viaje en avión, el madrugón, las presentaciones y el primer café del día. Iba impecablemente vestido, con una corbata roja y pantalón de pinzas. Se sentía cómodo, a pesar de que era la primera vez que se ponía un traje para ir a trabajar. Solía preferir viajar solo, como esa mañana, sin conversaciones ligeras ni réplicas a destiempo. Cuando llegó a la capital, encaró el primer taxi que encontró y con ligereza indicó su lugar de destino. Llegó con el tiempo justo, todos los asistentes habían ocupado sus correspondientes sillas nominales. Saludó como él sabía hacerlo, dejando en cada uno de los ejecutivos la nostalgia de algo lejano. Se desparramó sobre la silla y ojeó distraídamente sus cuatro apuntes mal caligrafiados. Se sentía seguro de sí mismo, entendía que no dejaban de ser meros negocios. Pasada la primera hora, la reunión comenzó a volverse tensa desagradable y los nervios empezaban a hacer estragos. Era una situación bien conocida y frecuente y era cuando Denver pensaba en castillos de arena y en esa luz que su madre le enseñó a buscar en los días de verano. Era entonces cuando definitivamente tiraba los papeles de su mente y se preguntaba que cojones estaba haciendo en una mesa repleta de desconocidos.



Apollon (IV)

Solía llamar a su representante. No le gustaban las mañanas para entablar conversaciones sobre sus pinturas. Para eso reservaba las tardes de luz y olor a urbe en plena actividad. Se recogía el pelo, buscaba el número en su libreta y cruzaba los dedos sin demasiado convencimiento. Apollon se sabía carne de cañón, el perfecto objetivo del arte camuflado en la Historia. Sin embargo, no sentía el final del camino en sus intentos por alcanzar una exposición, un hueco donde plasmar sus láminas que siempre reflejaban a June. Solía llamar a su representante como quien llama al cerrajero cuando las puertas se vuelven inservibles.



Horizonte ceniza (VI)

Resulta que una vez que llegas al destino, es cuando empiezas a correr.

June (VII)

Todas las noches, en la cocina, medía con cuidado sus dedos al trasluz junto a la ventana. Los observaba con sumo cuidado, como buscando una estación que se escapó del calendario. Se extrañaba de la ausencia de manchitas blancas en sus uñas, se detenía en los pellejos doloridos y en las yemas, como buscando alguna pista que indicara la dirección a seguir. June no temía a la penumbra, pero sí a unos dedos que no fueran dignos de agarrar con fuerza los pedacitos de unas vidas que apenas reflejaban importancia.



Horizonte ceniza (VII)

No hay guerras sin batallas, pero sí batallas sin guerras capaces de acabar con cualquier imperio.

Apollon (V)

Alguien dijo una vez que follarse a la luna era la mejor manera de saldar las cuentas pendientes. Apollon deseaba con todas sus ganas eyacular en pleno cuarto menguante. Sin embargo se limitaba a mirarse en el espejo, descorchar una botella de vino y delimitar la distancia que le separaba de Ella. Apollon pensaba en June, mientras se masturbaba contemplando el cielo desde su terraza. Pesan demasiado los astros del pasado como para negarse a aceptar un cielo desierto de estrellas y satélites luminosos.



Horizonte ceniza (VIII)

Sólo aquellos que forman parte del mundo de los ceros a la izquierda son capaces de construir un astro.

Denver (IX)

Debían de ser poco más de las cinco de la tarde. Estaba ojeando despreocupado escritos de juventud y cartas de otros tiempos. Se preguntaba si esa caligrafía temblorosa y apenas inteligible alguna vez había nacido de entre sus manos. Pensaba qué hacer con todo ese material caduco, con esa memoria que no le parecía haber vivido. A veces Denver necesitaba mirar atrás para darse cuenta de que todo abismo que uno supera al final acaba apareciendo de nuevo. Debían de ser poco más de las cinco de la tarde cuando Denver apuró su cubalibre pensado en todas las paredes que contemplaron cada verso que ahora no entendía. Suele ocurrir que cuando se recita la vida, pensaba, no hay un sólo espectador dispuesto a ocupar los primeros asientos del anfiteatro.



Horizonte ceniza (IX)

¿Dónde te encuentras ahora elegante Denver?.


Denver y June (XI)

Se juraron que morirían juntos. Claro que la playa y el sol del mediodía animaban a esas manifestaciones categóricas. Pero cuando se lo dijeron parecía que no había nada más sobre la faz de la tierra. A lo lejos unos perros hacían hoyos en la arena de una playa que gritaba su nombre y se perdían sus palabras en la costa. June no era amiga de atarse para siempre y mucho menos de achacar los juramentos a despistes de verano. Denver sin embargo sostenía las manos de ella igual que la banda sonora de otros tiempos mantiene alerta la memoria. Si se miraron a los ojos nadie lo supo, ni siquiera ellos. Se juraron que morirían juntos en el mismo momento en que dejaron de besarse.



Horizonte Ceniza (X)

Cuando te sientas cerca a las vías del tren, comprenderás que el viaje no acaba aquí, que siempre está empezando.

Prólogos Industriales(III)

Aldebarán

© Fernando Llorente Haya (texto), Ricard Clupés (fotografía) & YouTube (vídeos)

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26.2.08

[BPR] Carreteras Secundarias (y otros restos)

PARTE PRIMERA

CARRETERAS SECUNDARIAS


"..soñar que no han pasado de un soplo los años,
y que es verdad la vida".

Eloy Sanchez Rosillo.




Se entienden las vivencias
".. y qué difícil sentarse al sol sin echar una lágrima".
Gloria Fuertes

Se entienden las vivencias
de los días pasados
mejor cuando el autor
admite la derrota
en cada frase dicha.

Entonces recorrías
subidas y bajadas
a barrios contagiados
de la literatura
y algún que otro maltrecho
sueño. Bastaban urbes
de papel para noches
que daban rienda suelta
a versos que no eran tú,
ni eran todos nosotros.

Un dardo en la rendija
de un paso en falso a lomos
urgentes del destierro
de tu nombre drogado
que olvidaste. Con esta
mala fama de lo ido
se entienden las vivencias.


Los que viven lejos de casa

Los que viven lejos de casa
acomodan sus huellas junto
a objetos briosos que se adueñan
de la cocina y los pasillos.
Se dan cuenta de la soledad
que a veces traduce los ojos
de amores de antaño al texto
donde uno dijo casi todo
a la vida. Ahí aprovechan
y brincan para alcanzar fotos
antes de derrumbar sobre uno
el paseo matutino.
A veces no aparecen por
la casa durante perennes
temporadas. Entonces clara
es la vuelta a la rutina
de aquél trabajo y los amigos.
Sin embargo, suelen retornar
como se fueron, orgullosos
y arrogantes, para con toda
la claridad de lo lejano
mostrar las cartas del destierro.

Los que viven lejos de casa
tienden la mano a los ausentes
bebiendo a solas con dulzura
la cerveza amarga de estos tiempos.


Consejo al joven que frecuentas

Las horas que frecuentas fueron
morada de viajeros como
tú lo eres ahora. Quizá
se extraviaron en alguna
mala seña que a veces mana
de entre los albores marcados
con los finales que aún eres
torpe para percibir. Lindos
ojos los que dejan tendidas
en peajes las señas lozanas,
los que desnudan a muchachas
tras las barras de los cafés
a la vista de los viajantes
que marcan las horas del día
por la autopista de este sueño.
Haz lo que puedas por las millas
que dejes tras de ti, sin miedo
a lo nuevo del que se aleja.
Que no te venza en su momento
la pintura raída del trayecto
nunca las ganas de encarar
el vislumbre de carreteras
de las que tanto te contaron,
las secundarias que siempre
encuentran la forma de volver
con el último aliento a casa.


Masturbación en Chile

Carreteras
en tus párpados
mientras te masturbas
pensado en el precio
de la bencina
y eyaculas tu sueño
en la reserva.


Inicio de las vacaciones

En las luces primeras
antes de la partida
quién no ha ordenado
con mimo las camisas
al fondo de la bolsa
de viaje. Algún cuaderno
entre mudas y frascos
de conservas. Si el torpe
desuso de los nombres
que habitan contigo
amanece con sueño
dudas entre la nota
en la mesita al fondo
del pasillo y un disco
que raya los instantes
previos a la marcha.

El desayuno urgente
ante el parking matiza
las horas de desierto
que ves por la ventana.
Se te puede escapar
quizás algún amante
al evocar el motor
que te costó dos "kilos"
y enciendes un cigarro.
Das por sentado el sexo
al que aspiras en próximos
días lejos del quehacer
que todo el año pende
sobre la nostalgia
que ahora muere. Contemplas
esos primeros autos
decorados de calles
que son todos nosotros.
Y te haces hueco al lado
del olvido a la vez
que una duda lejana
descubre en tu cintura
tu carretera triste
y casi siempre, dicen,
secundaria.


Metal pesado

Eres metal pesado que agoniza.
A veces,
eres alguna palabra de las mías
a veces,
eres el ladrido de los domingos
a veces,
eres la gota que colma el vaso
a veces,
eres el alcanfor de los armarios
a veces,
eres saludo y despedida
a veces,
eres mis motivos en tu marcha
a veces,
eres lo que viola el mañana.
Casi siempre, sin embargo
eras el asfalto del camino,
casi siempre,
eras poco menos que un fantasma
que rasga de todo aquello
lo difícil.


La autopista desierta es un tren de cercanías

"Aparcados junto al océano
la noche es el libro; la muerte, una manzana"

Benjamín Prado.


Nos encontramos en esta autopista
"locos por mirarnos en el espejo
y parecernos a Kerouac"
, recetas
a oídos absortos al ronroneo
receloso de tráficos. "Gingsberg
nos permite hoy vernos ante los años
sin el pestañeo vivaz de entonces"
,
repelente como siempre, replico.
Inicio una guerra sin batallas
por conquistar tus pedazos que ofreces
a cualquiera de nuestros compañeros
de la escuela. Intento una pose ilustre
sin dejar de observar a tus rodillas
con el ánimo de llevarte al motel
del kilómetro siguiente y quitarte
la dejadez del poema que escribimos.
"Fuiste terco cuando el puente colgante
invitaba a mi cama y no cruzaste"
.
Siempre hablabas mirando al cielo, absorta
sin quitar ojo a mis manos. "Tolstoi era
un clavo ardiendo donde lo posamos
tú y yo pasado el verano nuestro"
.
No te entendí cuando dejaste claro
las bases del trayecto hasta mi casa.
"Dame la mano y vuelve la mirada
al Bukowski del cartero,
el de los besos de broma y la culpa
tras peldaños de madera"
. Eres rara
y el tráfico juega sus cartas ante
jóvenes que van dejando de serlo,
nosotros los bohemios, los peces gordos
de los límites y oscuros rincones.
Pero parece darte igual la luz
de esta manera. Ilumina tu rostro
la distancia del desapego junto
a las ganas enormes de acostarte
conmigo y recitar a los malditos
poetas de las revistas culturales.
Somos caricaturas de este andén
que hace de pausa. Me dices que cumples
años,…

..cuando me quiero dar cuenta la gesta
tan meditada del lado salvaje
se ha quedado en oficinas y pelmas
tratando de obtener una mirada
de las tuyas. Te sonríen bobadas
creyendo que un polvo aclara el asunto
de un pasado que no conocen
y es el tuyo. Te dejas agradar
ante el acoso de graciosos huérfanos
del verso que al nacer heredan. Sólo
galopa en tu cabeza lo duro
de los créditos y de las jornadas
laborales. De vez en cuando cenas
en víspera de fiesta con amigos
del curro y por un momento retorna
tu sentido del humor y del deseo
de entonces. "Toda autopista desierta
es un tren de cercanías"
, comentas
en los postres y te miran creyendo
ver en ti una noche de lujuria
sin entender de lo que hablas. Eres
la rara y la sucia, la perdida,
el beso que no sentirán cercano
en la entrada de aquella madrugada.
Me dicen que cumples años. Mientras,

soy un observador entre máquinas,
regletas e hilos telefónicos
que anuncian naufragios. Guardo respeto
en reuniones tardías como fuimos,
al fragor de lo posible, nosotros
tras el rastro de Kerouac. Es costosa
la risa con extraños cuando dejas
en el camino las sumas y restas
de una ecuación sin resultado. Apenas
el resurgir de tu nombre me deja
ante los restos de algún despistado
tercer piso en las afueras. Cumplo años

y tú lo mismo. "Imagina la casa
vacía para dejar los recuerdos
como fueron"
gritas en el arcén
de entonces. Alguien te posa sus dedos
en tu espalda. Te habla de un tal Coelho
y ríes. Intenta follarte desde
la cañada de las veces primeras.
Escuchas divertida la defensa
a ultranza del beneficio de leer
y toda esa mierda. Te dejas hacer
porque los días contados resoplan
cansados y tú con ellos. Se dice
de lo Beat lo mismo que nos lamimos
al oído quietos en la autovía
con deseo en mi tatuaje, en tu anillo
de soltera. Aguantas charlas pringosas
sobre Cortázar mostrando interés,
porque aciertas a pensar lo perdido
que resulta un mundo casi tallado
a imagen de camas deshechas. Muestran
desinterés por tus inicios, "sexo
fácil para desmantelar coartadas
tardías"
piensas mientras te desnudas
ante los ojos de un extraño. Cumples

años como los míos, que han dejado
en la cuneta el Aullido de Gingsberg,
las vanidades de Kerouac y los amantes
de Tolstoi. De reojo se hace la vista
gorda y sólo observas unos despachos
con gráficos en pizarras que son
pizarras sin pizarra, como un sueño
sin tu blusa o un arcén vacío de nosotros.
Apenas hablo, no me escuchan, siento
el hueco de lo dicho. Percibo
un sexo que muere apenas sí
ha nacido, original en la entraña
que eres tú en mis recuerdos. Cumples
años…

… y creo que me jode por momentos
esa forma que tienes de ayudar
con tus sonrisa y tus hábiles gestos,
a todos aquellos seres menores
en su apuesta por hacer de tus años
sus sucios hábitos, yermos del germen
contagioso de tu historia.

Comentan ……..
.. que cumples años, repartiendo a ciegas
bombones industriales disfrazados
de otros tiempos.


Oferta de empleo para ejecutivo

Condiciones necesarias para el puesto:

Cinco de la madrugada

Muebles con polvo, revistas en el sillón. Ciudad desierta, primeras gotas de humanidad.


Cinco y media de la madrugada.

Aliviar la inquietud, masturbarse a oscuras, ducha rápida. Café con galletas, traje y corbata. Cartera y maletín.


Seis de la mañana.

Taxi y aeropuerto. Mirada ausente a la ciudad que no le pertenece.


Siete de la mañana.

Desabrocharse el cinturón. Maldecir la espera. Paneles de salidas mirándole a los ojos. Acordarse de papá y mamá y el colegio bilingüe.


Siete y cuarto de la mañana.

Motores y corazón asegurado contra la distancia. Reparto de periódicos. Algo sobre Oriente Medio y fútbol. Pista de despegue. Palabras del comandante. Sueño erótico con la azafata del fondo. Algún comentario sobre mascarillas y chalecos salvavidas.


Siete y media de la mañana.

Bollería. Preguntas sin respuestas. Los amigos de la infancia y medio paso hacia la fe. Nada de poesía aún. Perfumes ante la falta de certeza.


Ocho y media de la mañana.

Aeropuerto y distancia. "Gracias por viajar con nosotros". Llamada a casa. Palabras lejanas y nada de poesía aún. Taxi al centro. Ensayo discurso. Sudor en las axilas y en el bolsillo Neruda.


Nueve de la mañana.

Bienvenida y presentaciones. Precios y estimaciones. Gráficas. Pizarras sin pizarra. Café rancio. Recepcionistas con el pie en el mañana de alguien que no es usted.
Interminables asuntos de lo ajeno en su cartera.


Dos de la tarde.

Taxi. Diarrea de despedida. Principios sin sus finales. Malas artes de la memoria. Teléfono de la rubia. Promesas de vuelta. Estimaciones de la economía. Aeropuerto.


Dos y media de la tarde.

Gente sin casa. Otros ejecutivos. Fantasear con la del traje gris. Echar de menos algo, a alguien. Perrito y un café. Nota de gasto y muchas mañanas idas. Espera de turno. Llamada del vuelo. Sudor en las axilas.


Tres y media de la tarde.

Repaso del día. Motores y corazón con el seguro vencido. Palabras del comandante. Soñar con mascarillas y chalecos. Sexo duro con la azafata y gratis. Pista de despegue. No mirar atrás porque ya es tarde.


Cuatro de la tarde.

Dormirse.


Cinco de la tarde.

Taxi. Sudor en las axilas. Gente yendo y viniendo. A casa, por favor. Conversación banal sobre terrorismo y olimpiadas. Llamada al jefe. Todo correcto. Vendemos en dos meses. Estar contento. Sentirse una mierda de tornillo pasado de vueltas. Empalmarse al ver a la vecina.


Seis de la tarde.

Casa vacía. Televisión y cerveza. Llamada a mamá y papá. Todo bien, buen tiempo y reunión sin inconvenientes. Neruda en la mesita. Pasar la vida sin reconocerla. Doblar la ropa y tintorería.


Ocho de la tarde.

Asomarse a la ventana. Ver a una antigua novia dándose besos con cualquiera. Masturbarse. Caída de la tarde. Intentar pinchar un disco sin plato. Mirarse al espejo y no reconocerse. Oír pasar el tráfico desde la ventana.


Diez de la noche.

Preparar documentos. Comprobar billetes del próximo vuelo. Repasar los zapatos, la camisa y la chaqueta. Ensayo general del discurso. Echar una ojeada al diccionario de francés. Aprender dos o tres palabras nuevas. Acordarse del colegio bilingüe. Hacer memoria. Saber que nada es para siempre.


Once de la noche.

Programar el despertador a las cinco. Algo de televisión. Revistas guarras y masturbarse. Cigarro y luz.


Once y cuarto de la noche.

Ella le quería. Han pasado los años. Masturbarse. Preguntas sin respuesta. Ladridos de perros en el barrio.


Once y veinte de la noche.

Suena el teléfono. No lo coge. Pablo Neruda y sus naufragios. Hacerse el sordo. Todo va bien.


Once y media de la noche.

Ojos abiertos. Vueltas en la cama. Televisión a oscuras. Levantarse al escritorio y mirarse al espejo.


Once y cuarenta y cinco de la noche.

Todos nuestros nombres en la cabeza. Asustarse ante la noche. Pensar que pensaba que todo era posible. Lloros de niños.


Doce de la noche.

Algo de poesía. Poesía tardía. Algo de poesía que no le enseñaron. Algo de poesía que no viaja con usted. Algo de poesía que ella recuerda. Algo de poesía y mucho porno.


Doce y cuarto de la noche.

Tranquilizantes para descansar. Las vacaciones y el primer amor. Los primeros años. Las promesas y los porros. La guarra del grupo y su cintura. Lo que quedó en el camino.


Doce y media de la noche.

Levantarse. Mirar álbum de fotos.


Una de la madrugada.

Lo poco que recuerda ante los astros. Pensar en los orígenes. Moverse en la cama y recitar su nombre.


Dos de la madrugada.

Dormirse. Soñar que todo fue como debería haber sido.


Dos y media de la madrugada.

Soñar que nada ocurre sin marcar ante su rostro tu discurso.


Tres de la madrugada.

Dejar que el sueño ceda el paso a lo que sigue.


Tres y cuarto de la madrugada.

Todos nosotros y Neruda.


Tres y media de la madrugada.

Buscar desesperado el camino de vuelta a casa.


Cuatro de la madrugada.

Carreteras secundarias.



El día menos pensado
A Martín.

I
..dejarás de comprender
envites de arboledas
hasta ahora firma dócil
de tus escritos.

II
..se comentan los unos
a los otros la tardanza
de tu nombre en su
cuaderno.

III
..vecinos venidos de lejos
echarán de los textos
vacíos adjetivos antes
celebrados.

IV
..dejarás por un segundo
las hojas como fueron
secándose serenas presas
de tus ojos.

V
..habrás crecido a solas
y se aprende, te dirás,
a despertar con la ternura
los versos dormidos.


Mis carreteras secundarias (reflexión primera)

hablan de tu culo, tu sonrisa,
de tu maleta y tus orgasmos,
hablan del estrabismo de tus carnes,
de los insultos hablan y del
día en que dejamos de vernos.
Hablan de cuando resistía
ante lápices y cartulinas
las horas muertas del estío,
de varios revolcones en el coche,
ante la cerveza helada hablan,
de que casi no recuerdan
tus firmas en los bancos
astillados como tú y yo
nos conocimos. Hablan de lo tarde
que resulta todo ahora
al ritmo de la goma tatuada
en el asfalto.


Tuvimos una novia

Tuvimos una novia capaz
de disecar las puertas
que se abrían por azar
a lo largo de algo parecido
a nuestro camino. Siempre
marcaba el paso con huellas
firmes ante tiempos
remolones y cambiantes.
Entendía las manifestaciones
como nadie en este mundo.
Cuando susurraba el olvido
nos sentíamos perdidos
amparados por el orden
del estado de las cosas.
Llegó el abandono
un buen día de Noviembre
y ella con sus pequeñas
muecas nos besó
en mejillas y frentes
ante astros que nunca
se mostraron tan humanos.
Tuvimos, es verdad
una novia capaz de todo
para no distinguir entre
el abandono y la pérdida.


Románticos del Tritón (Revisión).
A Aarón.

Vuelven hoy en vísperas de algo
a dar luz las casas
en las afueras de las ventanas,
los portales y garajes.
Amarillos los semáforos altivos
desenfundan
unos restos en papeles, el relato
a doble espacio, brillos
donde licores prohibidos recitan
las altas horas de la noche. Huele pese a todo
a otros veranos, a multitudes
de capital con sus calores y sofocos. Ciertas
palabras surgen disueltas
en apartados descampados con sus propias
reglas
en grabados a fuego lento
por ese por si acaso se hace tarde. Es por nada
que ahora viertes las pisadas en cortos
chorros de inocencia, sin huellas que uno deja,
mas resistes otro trago. Es víspera
abierta en canal por aprendices,
casi todo lo enterrado en las cuartillas
justifica las razones
de perdernos.


Despropósitos

El despropósito
de la amistad
sólo es comparable
al despropósito
del olvido.
Ambos inventan
a solas
el ritmo de los días.


Largo viaje (aproximación).
"Ella me preguntaba de cosas ignoradas
y yo le respondía de cosas imposibles".
Juan Ramón Jiménez.


Eras lo dormido del paisaje
en días de correos
al margen de buzones vacíos.
¿Qué podía yo decirte, si acaso
las preguntas de entonces
nos fueron quedando grandes?.


Eras el piso de estudiantes
de camas deshechas entre versos
y el sudor que olía a sexo
sin salida de emergencia.
¿Cómo las vivencias esas
temblaban ante unos jóvenes
amantes de cosas ignoradas?.


Eras la certeza del que crece
y la lujuria que precede
a todo desembarco del cariño.
!Cómo preguntabas cosas imposibles
mientras devoraba tus pechos
al margen del acecho del presente¡


Te llamaba en esos años por tu nombre,
y me diste este largo viaje
por única respuesta.


La melancolía absurda de las farolas
"apagas las luces circulas despacio miras el espejo
retrovisor las cosas no han cambiado mucho
desde entonces".

Pablo García Casado.


Da lo mismo
follar
con el próximo ligue
y no olvidarlo,
dejar el coche
perdido de sudor
y palabras
empalagosas,
llegar
a casa y ducharte
y cenar
restos de ayer,
enchufar
las noticias de la noche
y acumular
balompié
y estimaciones
meteorológicas,
robar un sorbo
de cerveza
en la taberna de siempre
y frotar
la entrepierna
en tu recuerdo,
saber que las farolas
lucen
sin consentimiento
de este amor de las afueras.


Aquel concierto con los ojos azules
En el día de la muerte de Danny Federici.


I

Las sirenas en los descampados son los sueños
del silencio. Joe en sus trece
desnuda ante mis ojos las carreteras abandonadas
en orfanatos de provincias.
El mar en su refugio debe una fortuna y sus días
están contados. Joe para el coche
en seco como se detienen las horas en camas
deshechas. Hay olas y la marejada
es el primer coche que huele a urgencias
y erecciones. "Dame un beso y la canción
sonará para siempre"
. Joe sobre el lavabo
masturba los años venideros.
Hay un tren en cada corazón de los hombres
que nunca llega a su destino. Joe con un disco de rock
descubre ventanillas iluminadas en
vehículos abandonados.

II

Alberto llevaba a su hijo a las afueras,
le contaba de los astros y los hombres.
Miraba las casas vacías igual que se mira
la ropa interior bajo el uniforme de trabajo.
Alberto inventaba historias de trenes vencidos
instantes antes de iniciar el viaje. Su hijo
era la ventana abierta de un muro de ladrillos.
Se entretenían con el paso de los transbordadores
en el puerto.
Alberto recitaba en alto canciones de unos y otros
y su hijo soñaba con los payasos de los cuentos.
Alberto sabía que todo deseo envejece igual que una canción
tiende su mano a los tiempos que atrás quedaron.
Alberto en las afueras susurra a su hijo palabras
dormidas.

III

Se puede disparar a la luna, pero solo matarás
lo que ilumina la noche.
Ricard en el polígono mirando los astros.
La seguridad de la pérdida solo la garantiza el abandono. Ricard reduce a tercera
al amparo de naves industriales.
Puedes gritar a la oscuridad de la noche pero no por eso llegará el día.
Ricard se muerde las uñas en silencio.
Un matemático no puede solucionar las ecuaciones
que permiten acortar el camino.
Ricard sintoniza la radio.
Dicen que sólo hay una carretera que lleva a muchos finales.
Ricard dice que si tus sueños son posibles
no tienes nada que perder.
También dice que si no miras atrás los finales
se vuelven palabras dormidas.


Una noche de fiesta
"no existe ni el futuro, ni el pasado
y mucho menos el presente"

Anónimo.


Fue en esa taberna
del centro donde nos bajamos
creo que varios botellines
de cerveza.
No hablabas de romances
ni problemas de casa. Tenías
los veinte
en cada pitillo que ofrecías.
Después siguieron
las afueras,
el humo de los bares
y las bragas y sostenes
de tus amigas.
El ciego de esa noche
fue un sucio truco
para desvelarte mis versos,
mis inquietudes y urgencias
por salir vivo de la trampa.
Se te escapó una mano
sobre una de las mías,
nos miramos y comprendimos
que la muerte se esquiva
entre sueños imposibles
y botellas vacías.


Closing time

Podéis desear al cantante
de vuestra juventud,
dejar vuestras palabras para otros,javascript:void(0)
Publicar entrada
remendar los calcetines
de la dignidad perdida.
Podéis temer sin reservas
a los altos vuelos sobre
mares de dudas.
Podéis decir que es tarde
y tener veintitantos,
asumir las horas
de la madrugada como vuestras,
sangrar en el asfalto
cuando los astros se esconden.
Podéis echar de menos
las huellas de acordes
que otros tocaron alguna
vez. Podéis comprar pisos,
arruinar los ladridos
de los perros apostando
por el graffiti y el brillo
de los ojos.
Podéis odiar, sudar ginebra
romper papeleras y
esperar taxis en las primeras
horas del día.
Podéis cocinar imposibles
recetas de dignidad y
dudas. Podéis decir
que es tarde para algunos,
elegir el concierto de vuestra vida,
quemar las naves
y hacer que esta noche
dure para siempre.
Podéis decir que lo intentasteis,
que nada fue lo que esperabais.
Podéis olvidarlo,
dejar a un lado todo aquello
y empezar de nuevo.
Podéis seguir ofreciendo
la luz y la sombra,
la honestidad del que empieza
a vivir en la reserva,
dejando como hacéis
en la mochila del poeta
la plata de los días.



Tus tiempos pasados

Tus tiempos pasados son
semáforos en rojo en carreteras desiertas,
aludes sin nieve en rostros de niños,
mensajes de veleros en mares de versos.

y voy más allá

para reconocer tus tiempos pasados
en muestras de células leyendo a Prado.

Sin embargo, sólo el guiño de la estrella
y las hojas secas del bosque encuadernadas
describen el león descrito en tu cuento.

Me quedé, bien lo sabes, en el pasado de tu tiempo
pasando hambre en los tiempos pasados
y sed en tus perezas de manos oxidadas.



La amistad es un dragón de largo recorrido
A Manuel Arenal Martínez.

Cuando han pasado treinta años
y la cerveza sigue sabiendo tan amarga.

Cuando han pasado varios mundos
y ninguno ha desembocado en un río.

Cuando las lágrimas de la infancia
han aprendido a hablar varios idiomas.

Cuando las carcajadas tan queridas
hermanan con sangre niños adoptados.

Cuando la amistad es un dragón de largo recorrido
y el futuro el cuento al que pertenece.



Las malas compañías de la memoria

“Los románticos corren libres en la oscuridad
Pero cuando llega la luz son los primeros en arrodillarse”

Elliot Murphy.


Hoy se ven con las primeras luces
de las farolas unas huellas que nada, dicen,
tienen que ver conmigo.

Son pisadas puede que de algún viajero
venido de lejos, o de ciertos nombres
del pasado que acomodo en mi regazo.
Deben desprender olores de otros tiempos,
algo parecido a aquellos jóvenes en los
inicios de un verano que siempre está empezando.
Oigo que se entablan, sentado en la terraza,
conversaciones sobre las próximas lluvias
y las vacaciones en las playas.
Me imagino qué dirían estas huellas
si la senda que van marcando dudase
en su trazado, se hiciera añicos
sin tan siquiera alcanzar las últimas
colinas. Quizá nos plantarían el beso
que no ha llegado o nos dejarían
temblando en algún recuerdo que siempre
se repite.


Hoy se ven con las primeras luces
de las farolas unas huellas que nada, dicen,
tienen que ver conmigo.


Desconocido viento idiota

“Even you, yesterday you had to ask me where it was at,
I couldn't believe after all these years, you didn't know me better than that
Sweet lady.”

Bob Dylan


Como un desconocido viento idiota nos conocimos.

Tu viajabas en aviones y yo en autobuses,
dejabas los cigarros a medias y yo tosía,
hablabas del pasado mañana y yo de antes de ayer,
llorabas con los payasos y yo por todo,
viviste la pérdida y yo te la escondía,
un día desapareciste y yo no te busqué,
completaste los versos y yo fumaba en pipa,
dijiste un te quiero y te regalé las sobras
que este viento maldito fue dejando
en tu cintura y tus recuerdos,
te importaba tu gente y yo la quería,
dejaste los días contados y no me salieron
las cuentas,
tuviste tu momento y yo no encontré el mío.
Hoy viajas en aviones y yo simplemente
monto en ellos.
Me enseñaste a soñar y suspendí cada
uno de los exámenes.
Me susurraste que te morías y yo aún te espero.

Como un desconocido viento idiota nos conocimos.


Aviones de la juventud.
A Daniel de La Hoz Sánchez.

Qué diferentes los aviones
en la juventud se imaginaban,
se dejaban en los cielos
de unos ojos que miraban
sonrisas de chicas y chicos
en el inicio de las vacaciones,
cumpliendo promesas
que nunca se hacían,
rasgando las hojas de la prensa
como quien se ríe del presente.
Esa es la clase de juventud
que viaja entre el aire
acondicionado y uniformes
de azafatas.
Esa es la clase de juventud
con los vuelos contados
más no se rinde ni reprende.

Qué diferentes los aviones
en la juventud se imaginaban,
y qué distintas estas manos
que hoy escriben malos versos
para no llevar en el recuerdo
los tiempos en que no
tuvieron miedo de volar.


Reflexión de andar por casa

Toda carretera
secundaria
es una autopista
que se
descree.


Escupitajo a la espera de un largo viaje

No hay sala de embarque
capaz de pronunciar los nombres
del pasado. Ni aeroplano
con las alas que concreten
sin fisuras a cada uno
de los viajeros que en su interior
viajan. Se puede mirar
a los ojos del que espera
para darse de bruces
con un viaje de negocios
mientras las turbinas
del deseo se apalancan en barras
de cafés y restaurantes.
Tienen su hueco en la maleta
lo débil que se muestran
esos pacientes terminales
por culpa de una huída
sin destino ni presente.

Es cierto que no hay sala
capaz de pronunciar los nombres
del pasado, tan cierto
como el avión que cerró sus puertas
sin llegar nunca a despegar.


En un concierto de los sesenta

Hacías cola sin entrada
esperando cierto milagro
que sólo un viaje de ida
es capaz de dar forma.
Por los alrededores había
lirios de colores raros
y un muchacho de ojos azules
hacía de anfitrión
entre las vallas. Lejano
dejaste el coche aparcado
más nada de eso puso
en la balanza tus deseos
por escuchar el primer
acorde de la noche.
Hacías cola sin entrada
y no hubo músico capaz
de musicar nada salvo
esos malditos trenes
de la noche que evocas
entre versos del pasado.


Fotografía casi secundaria

Ahora que molesta apenas
un diminuto brillo, déjame
la réplica de las farolas
para darme cuenta. El llegar
cansado devuelve olores
y adolece en vuestras apuestas
a lo ganado. Así se dice
en esas estancias vacías
que uno imagina en la distancia.
Huecas de lo dicho y vivido,
a costa de la costra rancia
en un paisaje que terminas
por hacer tuyo, hay corros
que alcanzan carreteras fuera
de sí por si acaso uno decide
desandar lo andado. Son esas
huellas como rastros tardíos
las gotas de un sudor añejo
que dejar de oler no puede.

Ahora que molesta apenas
un diminuto brillo, déjame
sentado en el camino, fiero
como el adiós que a ti te enseña
a lamer lo secundario
en mi distancia.


Epílogo I

Todo es secundario
en esta breve cita
a lomos de la historia.

Quien decide la ruta
delega el destino,

el cuerpo del delito
hierve tatuajes
de esos años tuyos
como cuentas que fueron.

Toda despedida engulle
una carretera
de desgastes y noches,

quisiste ser epílogo
de este breve encuentro
que no termina nunca.


Tren de cercanías

Cuando nos miran
a los ojos
y se encuentran
huellas en la arena.

Cuando nos hablan
a los ojos
y algo de la vista
se alía con el camino.

Cuando nos dicen
otros ojos
lo que sabemos
de este mundo que agoniza.

© Fernando Llorente Haya




NOTAS SECUNDARIAS

Se entienden las vivencias. Estando un día mirando el mar junto a unos pescadores en la bahía, se me ocurrió que han pasado treinta y tantos breves años donde se ha vivido mucho. En esos días estaba releyendo una antología de Gloria Fuertes y el verso que completa el texto me vino a la mente. El sol se reflejaba en la calmada mar y la emoción emergía en mis articulaciones. Como digo, se ha vivido mucho, he vivido mucho en ese periodo de tiempo. La necesidad de cerrar las puertas de este periplo de luces, sombras, amistades, decepciones y mucha creación literaria necesitaba una especie de himno o referencia. Se me ocurrió que la mala fama de lo ido expresa cómo escondemos lo vivido muchas veces por miedo a represalias de nosotros mismos. Se puede considerar este texto como un resumen de todo el poemario.

Los que viven lejos de casa. He tenido amigos en diversas partes del país. Nos hemos conocido siendo apenas unos adolescentes. De alguna forma, cada uno a su manera, nos hemos alimentado de nuestros miedos, nuestras esperanzas, nuestros odios y nuestra sensibilidad, siempre tan distinta. Estos amigos se han ido yendo a lugares lejanos. Solamente yo he permanecido en mi ciudad natal. Me emociona saber, que alguna vez , en algún momento puntual, se acuerdan de uno. Este texto quiere reflejar que la distancia afianza el recuerdo. Que uno está presente aunque la vista no llegue al destino. Quise reflejar esta emoción en este texto. Mis amigos que viven lejos de casa saben que este poema va dedicado íntegramente a todos ellos.

Consejo al joven que frecuentas. Trata sobre mantener la cabeza alta ante el paso del tiempo. De ser uno mismo y de no perder las raíces emocionales que nos hacen ser como somos.

Masturbación en Chile. Demasiado esperma desaprovechado en la soledad de un cuarto de estudiantes mientras las chicas se iban siempre con otros. Eso sí,! solía desayunar con ellas por las mañanas¡.

Inicio de las vacaciones. Cuando uno es joven sueña con dejar su casa, su tierra y emprender un largo viaje y prender de dramatismo la partida. Luego la vida va calmando esas ansias y las transforma en vacaciones con amigos, con las hormonas despendoladas y la virginidad aún en el equipaje. Quise reflejar que el primer polvo no es frecuente encontrarlo en lo extraordinario, sino en la cotidianeidad de la juventud.

Metal pesado. No hay truco en este texto. Son palabras tantas veces recitadas cuando antiguas novias decidían hacerte pedazos.

La autopista desierta es un tren de cercanías. Surgió un día de trabajo en la oficina. Hay costumbre entre mis compañeros de dejar cajas de bombones o galletas en los diferentes pisos de la empresa. Me di cuenta en uno de ellos que a la compañera que cumplía años todos los chicos de la planta se acercaban a felicitarla y decirle lindezas amables. Por supuesto es atractiva y simpática. Esto no suele ocurrir cuando los que cumplen años son otra gente menos "interesante". Al verlo, me dio que pensar. Generalmente esas lindezas de las que hablo se edulcoran con afirmaciones cultas, serias y supuestamente interesantes, entiendo que para impresionar a la cumpleañera. Es un juego este que me removió la sensibilidad de ese momento y escupí con rabia este poema. La referencia a Cortázar proviene de un comentario de mi amigo Aarón cuando nos contaba como la gente habla más de lo que sabe. El resto de referencias de autores son lecturas que me han acompañado en estos años.

Oferta de empleo para ejecutivo. Cuando un buen día uno se encuentra comiendo comida de plástico esperando un avión en el culo del mundo, vestido de punta en blanco y con un portátil en la maleta, sólo se pueden ocurrir locuras como esta.

El día menos pensado. Tengo un sobrino al que adoro, con demasiado carácter para tan pocos años. Simplemente son palabras para él.

Mis carreteras secundarias. Más novias de antaño que dejaron de serlo. Y el sexo de los inicios, y las ganas no satisfechas, y todo ese sudor y fluidos perdidos en el camino.

Románticos del tritón. El Tritón fue un bar del sur de Madrid, donde se elaboraba un revista literaria donde publicábamos nuestras poesías y relatos. En mi libro "En el cielo las cenizas" publicado en 1999, dediqué uno de los poemas a dicho bar. Hace cosa de un par de años cerró sus puertas y con él mucho de lo que fuimos nosotros.

Despropósitos. No hay cosa más importante que la amistad. El olvido es simplemente un ingrediente más del plato principal. La amistad tiene muchos niveles y yo los quiero todos.

Largo Viaje. Nunca he sabido escribir un poema de amor a la persona que más quiero. Este es simplemente otro intento más que no la merece. Seguiré insistiendo. A ella también me la encontré en la penúltima carretera secundaria.

© Fernando Llorente Haya

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14.2.08

[BPR] Carta de Presentación

Gabriel Esmero. Nace en 1973 en Santiago de Chile. Hijo de diplomático y profesora de literatura, obtiene su nacionalidad española tras ser su padre destinado a Madrid. Licenciado en Filología, inicia su trayectoria literaria publicando textos poéticos en fanzines independientes de acuerdo con su visión del arte escrito. Evitando colectivos y tendencias, sus textos no se pueden localizar con facilidad. Su última colaboración se encuentra en el libro de poemas "Miradas con voz", publicado por "CANTABRIA POR EL SAHARA". Desde hace diez años se dedica al cuidado de jardines y parques alternado dicha actividad con el cuidado de personas de avanzada edad.

© Gabriel Esmero

Queridos lectores,

Es momento de volver a los orígenes, de afrontar con cierta valentía lo que uno es y expresa. Gabriel Esmero fue una manipulación de la realidad, de la realidad de mi ser. Entiendo necesaria la auto aceptación y a partir de ahora Gabriel Esmero deja sus bárculos a Fernando Llorente Haya. No se descarta la vuelta de Esmero..... pero ¿Acaso hay algo descartable?.

Aarón Pérez-Bolívar.

Considero que la vida es un "pasen y vean", un "abismo sin fondo", una "persiana sin luz". Llevo colaborando tiempo en publicaciones independientes literarias y se ha creado, no entiendo muy bien la razón, una leyenda oscura sobre mi historia y mi obra. Búscame en Perspectiva, en factorias y en los polígonos. Seguro que encontrarás una ginebra de vocabularios marchitos que conquistan las calles

© Fernando Llorente Haya

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Blackie Project Revisited


Carta de Presentación

Breves notas tras el cierre de JeSúS Club




Con los Ceros a la Izquierda se Construye un Astro






Las Vísceras de los Polígonos Industriales




Carreteras Secundarias (y otros restos)

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JeSúS Club cierra sus puertas temporalmente...

Después de más de 4 años en la red y de la aportación de 11 colaboradores que, alternando rachas de máxima actividad con otras más "relajadas", han dado vida a 15 secciones y más de 600 posts, ha llegado el momento de que JeSúS Club cierre sus puertas.

Los objetivos con los que surgió este proyecto fueron permitir que un grupo de gente se mantuviera en contacto, algo que de otra manera habría sido más complicado o incluso imposible conseguir, y ofrecer un sitio desde el que los colaboradores pudiéramos compartir nuestras reflexiones sobre los temas que más nos gustan, intentando entretener con ellas a nuestros lectores.

El desgaste a lo largo de este tiempo ha sido importante para todos, y cuando algo con lo que deberías disfrutar se convierte en una rutina, en una obligación... acabas por perder la motivación.

Es probable que algún día JeSúS Club reabra sus puertas, no sé con qué forma, con qué fondo, ni cuándo, pero confío en que vuelva. Esto es tan sólo el fin de un ciclo...

En este "hasta luego" quiero dar las gracias a todos los colaboradores que han ido pasando por este Club, y que han aportado su esfuerzo y su ilusión a este proyecto, dando siempre lo mejor de ellos mismos. Quiero dar las gracias especialmente a quien me ha acompañado a lo largo de estos 4 años y que, en varias etapas, ha sido el principal (y casi único) sustentador de todo esto. ¡¡Gracias, Zineman!!

También me gustaría dar las gracias a todos los lectores que con mayor o menor frecuencia habéis querido pasaros por aquí y compartir con nosotros este espacio.

Un saludo a todos, un abrazote a los colaboradores, y hasta luego...


Secciones y últimos artí­culos publicados de cada sección:

- BLACKIE PROJECT REVISITED (66) :: F. Llorente :: Breves notas tras el cierre de JeSúS Club [12.04.09]

- BLOG/MISCELANEA (49) :: JeSúS :: De Compras por el Centro [28.02.09]

- CINE (269) :: Zineman :: Casino [06.04.09]

- FOTOBLOG (36) :: JC :: Puzzle v2.0 [27.11.08]

- MOTORHOME (4) :: Álvaro :: GP Circuito de la Torrecica (Albacete) [10.10.08]

- MÚSICA (6) :: antuna :: Canciones para Revolcarse en la Mierda (II) [03.04.08]

- VASCO (7) :: Txefas :: Aupa Athletic [06.03.09]

- VERDADES (54) :: Barón :: El Presente no es Ciencia Ficción [07.05.08]

- VIDA (3) :: idexxa :: Positivo [19.11.08]

- WRESTLING - WWE (38) :: JeSúS :: Noticias Express [18.11.08]


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