16.6.08

[Cine] Testigo de Cargo

- Esta mañana no tenía ningún abogado. Ahora, de repente, me encuentro con tres. Puede que debamos explicar a Sir Wilfrid que tengo muy poco dinero. No me será posible pagar costas y gastos.
- Es igual. Buscaremos un cuarto abogado para demandarle.


Los aficionados al cine de intriga echamos mucho de menos a Agatha Christie. Son muchos los escritores que han dedicado su carrera al género de la novela policíaca, pero ninguno ha tenido el mismo éxito que ella, ni ha conseguido llenar el vacío que dejó tras su fallecimiento, acaecido hace ya más de treinta años. Hoy retrocedemos más de medio siglo en el tiempo para comprobar que hay Agatha Christie más allá de Hércules Poirot y su “Asesinato en el Orient Express”, e incluso más allá de la señorita Marple. En 1948 se publicó una de sus colecciones de relatos, entre los que destacaba “Testigo de Cargo”, que posteriormente fue reconvertido en obra de teatro. Su éxito fue tremendo, y en 1958 se estrenaba su adaptación cinematográfica.

Sir Wilfrid Robarts es un veterano abogado inglés, que regresa a su casa después de pasar una temporada en el hospital, a causa de un ataque cardíaco. Los médicos le han prohibido todo tipo de emociones, pero nada más cruzar el umbral cae en sus manos un apasionante caso de asesinato. Leonard Vole, un muerto de hambre con ansias de convertirse en inventor, ha sido acusado de matar a una viuda cincuentona a la que frecuentaba últimamente:

- Iba a verla una o dos veces por semana. Tenía siempre una botella de jerez para mí. Charlábamos, jugábamos a las cartas o escuchábamos en el gramófono canciones pasadas de moda. No puedo imaginármela tendida en el suelo de aquella habitación, asesinada...
- Le aseguro a usted que ya se la han llevado. Dejarla allí habría sido inhumano, ilegal y antihigiénico.


Al principio, Sir Wilfrid declina hacerse cargo del caso, recomendando a la defensa que base su estrategia en la ausencia de móvil, pero decide tomar las riendas del asunto cuando se hace público el testamento de la difunta, que otorga una herencia de 80.000 libras esterlinas al acusado. Este mal comienzo se verá empeorado por la enigmática actitud de Christine Vole, la esposa del acusado, que no parece muy proclive a colaborar en la defensa de su marido.

El reparto está encabezado por Charles Laughton, Tyrone Power y Marlene Dietrich en los papeles de Sir Wilfrid, Leonard Vole y Christine Vole. Entre los secundarios destacan Elsa Lanchester, esposa de Charles Laughton en la vida real, y que en la pantalla interpreta a su obstinada enfermera, y Una O’Connor, como doncella de la víctima, y única actriz que repetía su papel de la representación en Broadway. Precisamente debido al éxito de la obra de teatro, fueron muchos los actores que pelearon por un papel en la película. La primera opción de los productores para el papel de Leonard Vole fue William Holden, pero estaba ocupado rodando “El Puente Sobre el Río Kwai”, así que se barajaron nombres como Gene Kelly, Kirk Douglas, Jack Lemmon, Glenn Ford y Roger Moore, siendo finalmente el elegido Tyrone Power, en el que sería su último trabajo (fallecería poco después, a causa de un infarto, durante el rodaje de “Salomón y la Reina de Saba”). Marlene Dietrich tampoco lo tuvo fácil, ya que Ava Gardner y Rita Hayworth hicieron todo lo posible por conseguir el papel de la señora Vole. Dirige Billy Wilder, demostrando que no sólo sabía hacer comedia, y no lo debió hacer mal, ya que mucha gente felicitó a Alfred Hitchcock por la calidad de la película, según afirmaba el propio Hitchcock, porque pensaban que la había dirigido él. Para equilibrar la balanza, Billy Wilder declaró que varias personas le comentaron lo mucho que les había gustado su trabajo en “El Proceso Paradine” (dirigida por Hitchcock).



No es de extrañar que se produjeran este tipo de confusiones, ya que la intriga de “Testigo de Cargo” está excelentemente construida y celosamente guardada. Sin renegar de su origen teatral, algunas escenas de la historia se desarrollaron un poco más, e incluso se sacaron de la sala de vistas donde sucedían, a fin de dotar de mayor dinamismo a la trama. También se cambió el punto de vista de la historia, originalmente más centrado en el acusado, adoptándose como nueva perspectiva la de Sir Wilfrid. Para dotar de credibilidad al personaje, Charles Laughton modeló su personaje a partir de un abogado real, Florance Guedella, que había trabajado tanto para él como para su compañera de reparto Marlene Dietrich. El uso del monóculo como herramienta intimidatoria durante los interrogatorios es uno de los detalles que Laughton tomó prestados de Guedella.

Tanto esmero en la recreación de la historia habría sido insuficiente sin la debida discreción. Durante el rodaje, toda persona que accedía al plató tenía que firmar previamente un compromiso de confidencialidad, certificando que no revelaría los detalles clave de la trama, fundamentalmente la sorpresa final. Es más, las diez últimas páginas del guión fueron guardadas bajo llave hasta el último día de rodaje, y casi toda la película se filmó con un reparto que desconocía el desenlace de la trama. Las medidas de protección no terminaron aquí, ya que al final de la proyección se rogaba a los espectadores que no revelasen el final a aquellos que no hubieran visto aún la película (petición que se conserva en la edición en DVD). Incluso los miembros de la Familia Real británica, que pidieron un pase privado, tuvieron que prometer que guardarían el secreto.

El trabajo del equipo de rodaje y su celo en la preservación de las sorpresas de “Testigo de Cargo” le supusieron seis nominaciones a los Oscar: película, director, actor (Charles Laughton), actriz de reparto (Elsa Lanchester), montaje y sonido. La mayor decepción fue para Marlene Dietrich, tan segura de sí misma que incluso había grabado una nueva introducción para su espectáculo de Las Vegas, en la que presumía de una nominación que nunca llegó. Vale, seguramente se pasó de lista, pero también es cierto que había realizado un trabajo impecable. Lo mismo cabe decir de su compañero Charles Laughton, que sí optaba a un premio, pero la película, al igual que “Doce Hombres Sin Piedad”, fue arrollada en la entrega de premios por “El Puente Sobre el Río Kwai”, que, como toda superproducción que se precie, no dio opción a sus rivales.



A pesar de tan severa derrota, “Testigo de Cargo” ha sobrevivido al paso del tiempo, y sigue conservando la fuerza de antaño, algo de lo que posiblemente tenemos parte de culpa los nostálgicos como yo. Insisto: echo muchísimo de menos a Agatha Christie, y ya que estamos, también a Billy Wilder. Cada día más.

© Zineman

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2 Comentarios:

Blogger Gloria dijo...

Yo creo que el mérito de la película está más en la dirección de Wilder, los excelentes intérpretes y la habilidad con la que la comedia se mezcla con la intriga: habiéndola visto varias veces (y sabiendo el final) la sigo disfrutando, no por averiguar la incógnita, sino por esa deliciosa dinámica de gato y ratón entre Sir Wilfrid y su enfermera (ese reloj-alarma! el termo!), Una O'Connor sin sonotone, el misterio de Marlene o el encanto de Tyrone Power.

Cuando a la señora Christie se la adapta sin la gracia de Wilder o la chispa de Laughton, quedan aquellas superproducciones recientes, como las de Ustinov haciendo de Poirot: correctas, adecuadamente interpretadas, lujosas... pero que no resisten un segundo visionado (bueno, al menos ese es mi caso).

Para mí la sal de las películas de Agatha Christie es eso, un buen guión adaptando el original, y un reparto con encanto: verbigracia "testigo de cargo" o Margaret Rutherford como Miss Marple.

Trivia: sabes que Laughton fue el primer actor en interpretar a Poirot: fue en la escena londinense, en 1928, en la obra "Alibi" (adaptada al teatro por la propia Agatha), y según las críticas, fue toda una sensación... Y añadiré que a Albert Finney (Poirot en "Asesinato en el Orient Express", Laughton le dió la alternativa en el West End londinense en 1958: a mí me hace gracia que como "ahijado" teatral, Finney retomara el papel que su viejo maestro había interpretado en escena.

16 junio, 2008 15:45  
Blogger Zineman dijo...

Hola, Gloria.

En efecto, la primera adaptación de una novela de Agatha Christie para un medio distinto de los libros fue la obra teatral "Alibi", basada en "El Asesinato de Roger Ackroyd" (o "El Asesinato de Rogelio Ackroyd", en algunas ediciones en castellano), con Charles Laughton en el papel protagonista. Corría el 15 de mayo de 1928, y la crítica se deshizo en elogios para la interpretación de Laughton.

En cuanto al debut teatral de Albert Finney, coincidió con el último trabajo de Charles Laughton para la escena, con la obra "The Party", dirigida por Laughton.

Me alegro de que te guste la película, y muchas gracias por tu participación. Un saludo.

17 junio, 2008 09:21  

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